sábado, 19 de septiembre de 2020

LA CRUZ

 

(Publicado en Diario16 el 17 de septiembre de 2020)

Macarena Olona va peor de lo suyo. En las últimas horas, la secretaria general de Vox ha sufrido un febril ataque de franquismo agudo y se ha puesto a la vanguardia en la defensa del Antiguo Régimen al afirmar que el primer paso del Gobierno en la puesta al día de nuestro país con la memoria histórica fue “la profanación de la tumba del general Francisco Franco”. Solo le ha faltado levantar el brazo y cantar el Cara al sol. Para Olona, el siguiente paso de Pedro Sánchez en su intento por “derrocar la monarquía” es derribar la cruz del Valle de los Caídos, tal como, según ella, ya exigió Podemos en el año 2018. A la legionaria Olona se le olvida que la demolición del principal símbolo del nacionalcatolicismo no es una propuesta exclusiva del partido de Pablo Iglesias sino que algunos de los más eminentes hispanistas como Ian Gibson también consideran que la única manera de que España pueda empezar de nuevo es retirar esa cruz infame bajo la que descansan los cadáveres de miles de inocentes víctimas de la guerra cruel desencadenada por aquel hombre bajito, con mala uva y voz trémula de anciana resabiada. Para la escuela Gibson es absolutamente imprescindible que esa cruz sea demolida para que los españoles puedan exorcizar, de una vez por todas, el fantasma del tirano y la sombra de 40 años de vampirismo totalitario.

Ciertamente, hiela la sangre escuchar el respeto, homenaje y pleitesía con el que los ultras españoles se refieren a la figura del dictador. No cabe duda de que en los despachos de los dirigentes de Vox siguen colgados los cuadros del Tío Paco posando como un dios gallego en diferentes posturas caudillescas. El fascismo, expresión del primitivo odio incontenible del ser humano, es un trastorno que se va agravando con el tiempo y se empieza por incluir el pin parental en las escuelas y se termina cavando trincheras en El Ebro. Esa es la evolución natural que está siguiendo Vox, esa es la inquietante mutación que está sufriendo el nuevo virus ultraderechista ibérico. Hasta ahora la gente de Santi Abascal se había estado conteniendo en sus declaraciones, eran contagiados asintomáticos del fascismo que de cuando en cuando estornudaban o tosían algún improperio racista o nazi. Es lo que siempre se ha conocido como enseñar la patita facha. Sin embargo, ese falangismo ha empeorado en los últimos tiempos, sobre todo desde que el Gobierno de coalición anunciase la puesta en marcha de la nueva Ley de Memoria Democrática, que por las burradas que se están escuchando va a ser un purgante antifascista mucho más necesario de lo que se pensaba. Cómo será la deriva de Vox desde la extrema derecha hasta el posnazismo siglo XXI que hasta Carmen Lomana, antes musa del facherío patrio de nuevo cuño, se está quitando del vicio verde. “No tengo nada que ver con Vox, no me gusta la gente extremada, no me gustan las personas radicales. Pero fundamentalmente no me gusta Vox porque no tiene un equipo detrás. O sea, parece que se ha metido el más tonto de cada casa”, afirmó hace solo unos días la que en 2015 fue número 3 del partido por Madrid.

La Ley de Memoria Democrática ha agudizado el histerismo patriotero y el histrionismo caricaturesco de las huestes de Vox. Olona ya ha anunciado que su formación recurrirá el texto legal, cuyo anteproyecto fue aprobado este martes por el Consejo de Ministros. Realmente resulta un sarcasmo que alguien pueda llegar a pensar que es posible ganar en el Tribunal Constitucional un recurso que no tiene otra intención que lavarle la cara a lo que fue el régimen de Franco. Pero el delirio histórico revisionista de los muchachos de Vox a veces les lleva a perder la noción de la realidad y a creerse que aún estamos en 1940, cuando los jueces eran todos militares en nómina del Movimiento Nacional. Apelar a la defensa de la Constitución para tratar de maquillar a un sátrapa que pisoteó la democracia y los derechos humanos (y a la Fundación creada para rendir tributo a su memoria) es sencillamente delirante. Vox roza el ridículo y el absurdo cuando sus representantes denuncian que la Ley de Memoria vulnera “derechos fundamentales como la libertad de expresión, de asociación e ideológica”, tal como alega Olona. En realidad es todo lo contrario, la ley permitirá algo tan sencillo y básico de entender como que muchas personas podrán saber por fin dónde están enterrados sus seres queridos. Ese será el camino para que España deje de ser el país del mundo con más desaparecidos después de Camboya por efecto de las fosas comunes.

Viñeta: Igepzio

No hay comentarios:

Publicar un comentario