sábado, 3 de abril de 2021

LA CELEBRITY


(Publicado en Diario16 el 27 de marzo de 2021)

El último barómetro de La Sexta da mayoría absoluta a Isabel Díaz Ayuso en las próximas elecciones autonómicas del 4 de mayo. El PP obtendría 59 escaños, mientras que Vox sumaría 14 y Ciudadanos se quedaría fuera de la Asamblea Regional de Madrid. De esta manera, el bloque de las derechas lograría 73 escaños, cuatro por encima de los 69 que dan el poder total para formar gobierno. Los datos nos permiten extraer algunas conclusiones inmediatas, siempre teniendo en cuenta que el sondeo es una fotografía del momento y que todavía quedan largas semanas con una campaña electoral que promete ser encarnizada y trascendental.

De entrada, la primera consecuencia que se desprende del barómetro es que la crisis provocada por la pandemia no pasa factura a IDA. Su gestión del drama vírico que se ha vivido en Madrid durante más de un año ha sido nefasta, pero eso no parece importarle a la mayoría de los madrileños. Los casi 15.000 muertos por el covid y la deplorable situación de los geriátricos privatizados son un precio demasiado elevado que hubiese costado el puesto a un gobernante en cualquier país serio del mundo. Sin embargo, la lideresa ve reforzada su posición. El electorado premia su trumpismo sectario, su neoliberalismo exacerbado (ha convertido Madrid en un paraíso o dumping fiscal), su incompetencia para gobernar y su discurso vacío de contenido sustentado en un eslogan tan corto y simplón como su talla como estadista: comunismo o libertad.

A fecha de hoy, el balance del ayusismo es ciertamente pobre: se le han muerto madrileños por miles (viejos y también jóvenes), mientras su único legado es un hospital de pandemias, más bien un salón de congresos y un emblema del pelotazo urbanístico que ha costado un pastizal a los contribuyentes. Al mismo tiempo, sus políticas ultraliberales han dejado la Sanidad pública al borde de la extinción, como los elefantes africanos, y su filosofía de un Madrid para ricos ha sumido a barrios y familias en la más absoluta pobreza. Todo ello por no hablar de la última ocurrencia de convertir la capital de España en el gran parque temático de los dipsómanos y gamberros europeos, un Magaluf mesetario y sin playa rebosante de bares y terrazas como extensos criaderos de coronavirus. 

Sin embargo, pese a la paupérrima hoja de servicios, IDA es la líder madrileña que obtiene mejor puntuación en los índices de valoración y popularidad (casi aprueba con un 4,99), sacando una amplia distancia a Pablo Iglesias, que queda en el último lugar como político peor considerado. ¿Qué demonios está pasando en España para que se premie la ignominia del político incompetente? ¿Qué bebedizo extraño que adormece las neuronas y bloquea la capacidad de crítica nos han dado a tomar?

Probablemente el secreto del éxito del personaje ha consistido precisamente en practicar la política de la no política (la única legislación de relevancia que ha sacado adelante es la ley del suelo, que en medio de una pandemia soluciona poco o nada); en vender humo, chascarrillos, disparates y bobadas tuiteras; en promover la anarquía y la insumisión libertaria frente al Estado que ella, a fuerza de bulos, ha convertido en el enemigo bolchevique. Ayuso no hace política sino espectáculo, mayormente el violento circo de los leones (sus fieras domadas son los rojos enjaulados), y eso ha terminado por enganchar al votante hater.

De alguna manera, el proselitismo trumpista que ha impulsado la presidenta ha calado en la parroquia. Muchos madrileños ya solo votan para castigar al demonio comunista, o sea Pedro Sánchez, a quien en la capital, siempre centralista e imperial, le han cogido manía por sus pactos con podemitas, bilduetarras, separatistas e indepes (no hay más que ver con qué inquina lo abuchean cada desfile militar por el 12 de octubre).

La lideresa castiza ha ofrecido a su gente una apetecible ofrenda o sacrificio, la posibilidad de darle el descabello al miura sanchista, como en una corrida de San Isidro, y el personal indignado y harto de tanta medida sanitaria, de tanto procés en Cataluña y del cupo vasco se ha excitado sobremanera y ha entrado en el juego duro. A buen seguro, el populismo folclórico y cañí de Ayuso no solucionará los problemas de Madrid, que seguirá siendo el oasis ruidoso de los atascos y la polución, pero dará satisfacción y placer a ese votante que babea de odio cuando ve al presidente del Gobierno en la televisión.

La pregunta a estas alturas es si la izquierda, tirando de efecto Iglesias, podrá hacer frente a la gran máquina de populismo que ha puesto en marcha IDA. No parece, teniendo en cuenta que las izquierdas siguen divididas, que el socialista Ángel Gabilondo es la viva imagen de la abulia y la derrota y que el líder de Unidas Podemos parece haber perdido el tirón entre las masas obreras de Vallecas que se sienten defraudadas, traicionadas, decepcionadas. No ayuda demasiado que ayer mismo se haya sabido que la pareja Iglesias/Montero acumula un patrimonio de más de un millón de euros. El español, de natural envidioso, lo perdona todo menos que alguien llegue a rico, sobre todo si ese millonario es el mismo que hace un par de años bajó de los cielos como el mesías desarrapado que azotaba los sepulcros blanqueados del Sanedrín del Íbex 35.    

Nada de lo que está pasando en Madrid tiene el menor sentido si no se interpreta bajo el prisma de la polarización y el retorno al guerracivilismo, y nos lleva a la conclusión de que una especie de atracción fatal por el feísmo, lo macabro, lo friqui y lo horroroso se ha apoderado de buena parte de la sociedad madrileña (también española) que adora a la nueva Pilar Primo de Rivera del falangismo patrio. Cuesta trabajo creer que el listón esté tan bajo que al votante de derechas le baste ya con un manido eslogan contra los comunistas (sin entrar a valorar si la gestión ha sido buena o mala) para darle su apoyo incondicional a la lideresa. Pero por desgracia así es.

Con todo, IDA es solo un producto de la posmodernidad decadente que nos ha tocado vivir, una muñeca de laboratorio programada por MAR, un pequeño ídolo de barro fabricado para canalizar la furia y la rabia contra el establishment socialista y que durará lo que tenga que durar, probablemente hasta que el público se canse y aparezca otra más joven, pizpireta, dura y cañera que ella (Rocío Monasterio ya calienta en la banda). Y es que hoy la política, más que nunca, es puro teatro. Un reality show que va quemando malos actores como juguetes rotos. Para muestra, Toni Cantó.

Viñeta: Pedro Parrilla

No hay comentarios:

Publicar un comentario