viernes, 18 de febrero de 2022

EL CORDÓN SANITARIO


(Publicado en Diario16 el 15 de febrero de 2022)

Algunos en el PSOE, como el alcalde de Valladolid, Óscar Puente, piden ya un cordón sanitario contra Vox. Se trataría de que los socialistas facilitaran la investidura de Mañueco como presidente de Castilla y León cortando de raíz toda posibilidad de que los ultraderechistas toquen poder con carteras, sillas y despachos en un hipotético Gobierno de coalición o bifachito con el PP que a estas horas se antoja la opción más probable.

La propuesta de Puente no deja de tener un punto de generosidad altruista y de idealismo platónico, dos rasgos de agradecer y que lamentablemente ya no abundan en la política española. Pretender que tu propio partido haga un sacrificio por el bien de la democracia para evitar que tu principal rival y competidor caiga en los brazos de la extrema derecha neofranquista, sin obtener nada a cambio más que haber cumplido con unos mínimos de lógica coherencia, supone una práctica a la que no estamos acostumbrados en un país cainita como España donde al enemigo ni agua. La coherencia es la madre de la buena política y en este espinoso asunto de la formación de Gobierno en tierras castellanoleonesas resultaría difícil entender que el PSOE pueda construir un discurso sobre los malvados y peligrosos nazis de Santiago Abascal que pretenden sentar a la momia de Franco otra vez en la Jefatura del Estado y no hacer nada para evitarlo. Así que no podemos sino aplaudir al primer edil vallisoletano y declararle nuestra admiración como ser excepcional, superior o rara avis en un mundo sucio dominado por la ambición y los cálculos partidistas más que por el interés común.

Ahora bien, estando de acuerdo con la propuesta del señor Puente de aislar a los ultras, que lo estamos, no hay más que mirar a la Europa avanzada y desarrollada para concluir que la idea del cordón sanitario es un mito manido y poco más. De los Pirineos para arriba son pocos los partidos de la derecha clásica que no han tenido contacto con el nuevo nazismo posmoderno. En Austria, Sebastian Kurz formó coalición con la extrema derecha del FPÖ y el partido ultra llegó a hacerse con la vicecancillería. En Italia, la Liga Norte gobernó con Berlusconi en varias etapas, colocando a un tal Matteo Salvini como vicepresidente del Gobierno y ministro del Interior (recuerden a aquel tipo xenófobo y bravucón que amenazaba con sacar las fragatas del puerto para bombardear las pateras repletas de inmigrantes que trataban de llegar a Lampedusa). En Países Bajos, Mark Rutte negoció con el racista Partido por la Libertad para alzarse con el cargo de primer ministro. Y el Partido de los Finlandeses también ha tenido su parte de la tarta del poder. Quiere decirse que tampoco en esto España va a ser una excepción, por mucho que sea cierto que en otros países europeos a menudo el cordón sanitario funciona eficazmente como cortafuegos contra la ultraderecha.

De modo que mucho nos tememos que las buenas intenciones del alcalde Puente van a quedar en eso, en una hermosa utopía a la que Mañueco le dedicará cinco minutos antes de pedir papel y estilográfica como un desesperado y firmar el cantado acuerdo de coalición con Vox, que a esta hora es lo más factible. Ni el líder regional del PP ni Pablo Casado han organizado este cacao maravillao en Castilla y León para ponerse exquisitos después y decirle a Santi Abascal que con él no, malo, caca. Firmarán lo que tengan que firmar con los ultras y les darán lo que tengan que darles, ya sea la Consejería de Cultura, las murallas de Ávila, San Isidoro de León o el Acueducto de Segovia envuelto en papel celofán y con un lazo azul. Y lo harán por tres razones: primera y principal porque todo está ya pactado de antemano y bendecido por Isabel Díaz Ayuso, que por momentos parece más de Vox que Macarena Olona; en segundo lugar porque el PP ya gobierna en comandita con ellos en otras comunidades autónomas y no parece que eso les cause remordimientos ni les haya quitado el sueño; y finalmente porque si no se pliegan a las exigencias de Abascal se repetirán los comicios y Casado tiene más que perder que ganar en ese negocio. Ya la ha pifiado una vez jugando a experto politólogo de Harvard (seguramente hoy se arrepienta de haber convocado por puro capricho unas elecciones que no han servido más que para engordar a Vox) y no parece que esté dispuesto a repetir el trance. Montar toda esta martingala para después no firmar sería el colmo de la estupidez.

Por tanto, es obvio que el complejo asunto de la formación de Gobierno en CyL será abordado, por las derechas, desde una perspectiva mucho más pragmática que idealista, al contrario de lo que propone el bienintencionado alcalde de Valladolid. Casado no se mueve por ideales democráticos, solo por ambición personal. Ese “deberíamos como mínimo intentarlo” con el que Puente se refiere al cordón sanitario contra los falangistas quedará como un gesto desesperado ante el imparable avance del neofascismo en España, pero no pasará de un simple renglón en la historia que nadie leerá. La propia Ejecutiva Federal del PSOE, por boca de Felipe Sicilia, ya ha dejado claro que este marrón se lo tiene que comer Casado él solito. “No vamos a facilitar un Gobierno que a partir de marzo tiene una agenda en los tribunales por la corrupción”, asegura con toda la razón del mundo el portavoz socialista. Queda claro que, pese a que el PSOE se rasga las vestiduras en campaña electoral al grito de que “vienen los fachas”, llegado el momento de tomar decisiones drásticas contra Vox no hacen nada porque en realidad no ven a la Guardia Mora ni a las SS desfilando marcialmente por las calles de Salamanca. A Puente se le agradecen sus nobles ideas anacrónicas pero España entera sabe que todo el pescado está vendido y que Casado anda ansioso por firmar cuanto antes con Abascal para pasar esta errática página de su procelosa carrera hacia la Moncloa. Unas elecciones por capricho y delirios de grandeza que al líder popular no le han reportado más que quebraderos de cabeza.

Viñeta: Pedro Parrilla

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