lunes, 7 de mayo de 2018

DIOS Y WILLY



(Publicado en Revista Gurb el 20 de abril de 2018)

No vamos a ser nosotros quienes defiendan aquí a Willy Toledo, un hombre excesivo por momentos desenfrenado e irreflexivo con una especial habilidad para meterse en charcos extraños. Pero que la Justicia lo haya citado a declarar por "cagarse en Dios y en la Virgen María", como cuenta hoy toda la press, es la noticia más descabelladamente surrealista y absurda que se ha producido en este bendito país en los últimos años.
Creíamos haber visto de todo: autos de fe sacramentales contra artistas segundones que jugaban a Andy Warhol con la imagen de Cristo; tuiteros condenados a la perpetua por bromear con Carrero Blanco; pobres titiriteros perseguidos como si fueran peligrosos terroristas de ISIS; y hasta raperos sometidos a estrecha vigilancia por unos estribillos baratos. Pero esto, lo de procesar a alguien por echarle un truño al Altísimo –cuando eso es algo que ha hecho el español de toda la vida–, ya parece algo excesivo, desproporcionado, salido de madre.
Toledo, quien soltó en su muro de Facebook que le “sobra mierda para cagarse en el dogma de la Santidad” (algo tan escatológico y cochino solo puede recibir un chorreón de lejía, pero nunca una querella por lo penal) ha anunciado que no acudirá a su cita con semejante "farsa judicial" y quizá esa haya sido la afirmación más sensata y coherente que ha salido de su boca en mucho tiempo. Así que ya vemos al pobre Willy con el petate a la espalda y desfilando camino del exilio de Bruselas o de Berlín o de la sucia Suiza, que es donde al final vamos a terminar todos los que nos dedicamos a este ruinoso negocio de criticar y satirizar lo que nos parece mal. De modo que huye Willy, pírate, hazte un Puigdemont, ábrete en plan Anna Gabriel, date puerta, pon pies en polvorosa, y que esta sagrada neoinquisición de nuevo cuño, este revival nacionalcatolicista que nos ha vuelto a caer en desgracia, cuando ya lo dábamos por exitosamente superado, no pueda atraparte. Lárgate, corre, corre, corre, que te van a echar el guante, como decían los de Leño (¡ah los ochenta, qué tiempo tan feliz y tan lleno de dulce libertinaje!).
Si la religión es el opio del pueblo, como decía don Carlos, algunos jueces llevan un chute de más. No hay sido Willy el que la ha cagado esta vez, sino sus señorías. Quizá sea la ola de conservadurismo que nos invade y se extiende incontrolable por toda Europa, como advierte Manuel Valls. Quizá sea que cuando el fanatismo ha gangrenado el cerebro, la enfermedad es casi incurable, como dice Voltaire. Pero ya no cabe duda: España ha entrado en una fase de neurosis aguda que va a necesitar de muchos psiquiatras políticos para sacarla del diván. Si la Justicia quiere procesar a alguien como Willy por echarse unos juramentos y rilarse y excrementarse en la divinidad (con mal gusto, no vamos a negarlo), tendremos que empezar a acostumbrarnos a ver redadas de la UCO en bares y estadios de fútbol, en mercados y verbenas, donde el español se caga en Dios no solo por mala educación, sino por norma, por costumbre y por añeja tradición patria. Un español que no le ha plantado un pino al Todopoderoso al menos una vez en la vida no es un español, y con esta manía persecutoria que les ha entrado a algunos magistrados de llevar al estrado a todo el personal que no sea un mojigato o un afín al Gobierno popular van a terminar hasta con la blasfemia y el insulto. Que es tanto como querer terminar con el mismísimo Quevedo. Y por ahí no.

Viñeta: El Koko Parrilla

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