lunes, 1 de junio de 2020

EL GUARDIÁN DE LAS ESENCIAS


(Publicado en Diario16 el 1 de junio de 2020)

La Fundación FAES, el oráculo del ex presidente del Gobierno José María Aznar, ha vuelto a lanzar uno de sus libelos ultracapitalistas. El documento, colgado en la página web de la organización, critica de forma contundente el ingreso mínimo vital aprobado el pasado viernes por el Ejecutivo de coalición, una medida social que contribuirá a rescatar de la pobreza severa a más de dos millones de personas. Según Aznar, para asegurar “la solidaridad se tiene que ejercer sobre una economía que pueda financiar sus prestaciones mediante el crecimiento y el empleo”. Por eso, recalca el faro e icono del PP, “el Estado de Bienestar solo se da en economías de mercado, abiertas y basadas en la iniciativa empresarial. No existe Estado de Bienestar en las economías de la privación y la miseria soñadas por la extrema izquierda populista y predicadas por esta como sus modelos”.
Del demagógico y sectario análisis de FAES solo cabe hacer una lectura: para Aznar el ingreso mínimo vital es una “paguita” para perdedores y parásitos de sociedades comunistas, en la línea de lo que ya dijo Vox hace unos días, un gasto que no tiene por qué asumir ni el Estado invisible liberal, ni los contribuyentes, ni por supuesto las clases más altas. Es cierto que los ultraderechistas rectificaron su inmenso error días después, mayormente cuando comprobaron con temor que el partido se desplomaba en todas las encuestas. Puede que sean franquistas pero piensan, y cayeron en la cuenta de que ir en contra de un ingreso vital justo y necesario para que el pueblo no se muera de hambre era tanto como enfrentarse al país. Vieron claro que enemistarse con las clases desfavorecidas, con España a fin de cuentas, no era un buen negocio si querían conectar algún día con las masas proletarias y no solo con el friqui nostálgico y el “borjamari” rico del barrio de Salamanca. Sin embargo, si bien Vox graduó a tiempo su discurso, no parece que Aznar sea hombre de corregir equivocaciones y enmendar gazapos políticos como este último informe de FAES que apuntala la desigualdad. De hecho, sigue pensando que en Irak hay armas de destrucción masiva cuando solo hay desierto, pastores y cabras y una ruina inmensa: la que dejó el Trío de las Azores.   
Aznar es FAES, al igual que FAES es Aznar. La identificación del hombre con su proyecto es en este caso total, por mucho que la fundación tenga un portero en la puerta, una mecanógrafa y unos cuantos amigos fabricando informes de corta y pega. Por eso, cuando habla la fundación está hablando el propio Aznar en la sombra, tal como hacían los sacerdotes de Amón, que escondidos en sus cubículos de los templos sagrados de Egipto se hacían pasar por deidades y ululaban, susurraban y asustaban al personal durante las ceremonias. La semana pasada, sin ir más lejos, el expresidente lanzó otro de sus folletos improvisados para echarle un cable a Cayetana Álvarez de Toledo, la delfina de su delfín, o sea Pablo Casado. Aznar defendió a capa y espada el insulto que la portavoz del grupo popular en el Congreso lanzó contra Pablo Iglesias, al que llamó “hijo de terrorista”. Y lo hizo como claro mensaje a navegantes, para que cualquier subordinado en el partido se dé por aludido y tenga bien presente que quien se mete con Cayetana se está metiendo con Dios, o sea con él. Fue una manera de revalidar el compromiso con el giro falangista del PP y su confluencia con Vox.
Ahora, apenas unos días después de su defensa cerrada de la portavoz parlamentaria popular, el patriarca Moisés/Aznar vuelve a hablar desde el Monte Sinaí de las FAES para decirle a su rebaño que no cabe coquetear con el vellocino de oro de la socialdemocracia ni con sus conquistas sociales, como el ingreso mínimo vital. Aznar cree que “la paguita” es una “novedad solo relativa”, ya que las comunidades autónomas ofrecen esta ayuda social, lo cual no es cierto. Además, el expresidente tira de otros análisis publicados anteriormente en FAES para tratar de convencernos de que él ya había apostado por una renta básica pero como “sistema temporal, rigurosamente gestionado, que sirva para aflorar economía sumergida y que no suponga desincentivar la búsqueda de empleo en sus beneficiarios”. Sin embargo, a renglón seguido afloran las contradicciones neoliberales (y las emergencias electorales) del expresidente, ya que si bien reconoce que “es un deber moral y una política sensata remediar las situaciones de pobreza extrema y exclusión en nuestra sociedad”, al mismo tiempo critica que ese subsidio se instale como “estructural”, de decir, como permanente, por lo que no cree que dé “resultados”. En su opinión, “la retórica populista” que ha envuelto la puesta en marcha de la prestación “no es un buen augurio”. Al final, la cabra siempre tira al monte ultraconservador y al exlíder del PP le duele el gasto social, aunque no puede decirlo abiertamente porque eso le cuesta votos y probablemente un sorpasso de Vox, que ya ha asumido la medida comunista como propia.
En resumen: la “paguita” le da rabia a Aznar porque pasará a la historia como una gran conquista social del PSOE y de Unidas Podemos, un éxito que nos homologa con las grandes democracias europeas de nuestro entorno. Todo lo contrario a lo que hizo el PP tras la crisis de 2008, cuando condenó a millones de españoles a la intemperie, a sobrevivir sin una mínima ayuda del Estado y al suicidio por los crueles desahucios de los bancos. Le guste o no al gran gurú de la derecha neocon española, aquella infamia quedará para siempre en la historia negra del PP.

Viñeta: Pedro Parrilla El Koko

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