sábado, 13 de junio de 2020

TITA CERVERA


(Publicado en Diario16 el 12 de junio de 2020)

La baronesa Thyssen ha decidido vender algunos cuadros de su prestigiosa colección de obras de arte. La pandemia no respeta condición ni clase social, se ceba tanto con los pobres como con los ricos, y por lo visto Carmen Cervera ahora necesita líquido, efectivo contante y sonante, dinero cash. Las turbulentas relaciones de la familia Thyssen con el Gobierno de España para la renovación de los contratos del museo han estallado finalmente (se veía venir) y la baronesa ha optado por cortar por lo sano, vendiendo el Mata Mua de Paul Gauguin, la joya de la corona de su colección personal. Es más que probable que otras tres obras −Caballos de carreras en un paisaje de Degas; El ‘Martha Mckeen’ de Wellfleet, de Hopper; y El puente de Charing Cross de Monet−, sigan el mismo camino y más pronto que tarde se les cuelgue el cartel de “se vende”.
Las obras que saldrán del museo, sin duda una pérdida irreparable para la cultura de nuestro país, formaban parte de la gran colección de 429 cuadros que la aristócrata había prestado a través de un convenio firmado con el Ministerio de Cultura en 1999. El acuerdo se venía renovando desde 2011, pero estaba pendiente de “reformular” desde hace tres años, cuando la baronesa se sintió maltratada y exigió un cambio en las condiciones fiscales. Incluso se quejó de que tenía que “pagarse los taxis” de su bolsillo para ir cada día al museo.
Ahora Tita Cervera se apoya en dos abogados que fueron ministros del PP (Michavila y Acebes) para consumar sus planes y enajenar la obra que no solo le pertenece a ella, sino que de alguna manera forma parte del patrimonio cultural de los españoles. Que sea precisamente ese bufete el que le lleva el asunto supone toda una declaración de intenciones, más bien una declaración de guerra contra los chavistas bolivarianos de Pablo Iglesias por hacer oídos sordos a las caceroladas de las clases altas, a las que también pertenece la baronesa. Sin saberlo, o quiza sí, la primera de los Thyssen se ha convertido no solo en embajadora del arte, sino en abanderada de los magnates oprimidos y de los “cayetanos” y “borjamaris” que pretenden derribar a Sánchez por un confinamiento que los ha dejado sin club de golf.
Carmen Cervera siempre se ha declarado apolítica (una gran ironía por otra parte, ya que todo el mundo sabe que los ricos, en esencia, forman un gran partido, el de los millonarios) pero resulta llamativo que su decisión de recortar a los españoles en cultura se produzca precisamente ahora, con un Gobierno de izquierdas en el poder. Mientras gobernaba la derecha conservadora, el gran capital, la banca y las élites, la baronesa siempre llegaba a acuerdos con el Estado sobre sus depósitos pictóricos. No demuestra un gran patriotismo doña Tita vendiendo esos cuadros precisamente en este momento, cuando el país zozobra en medio del gran drama nacional de la pandemia. Mientras el Museo del Prado hace un ejercicio de solidaridad y amor por la pintura, abriendo las puertas a todo el mundo y obsequiando al pueblo con una gran exposición con lo mejor y más delicatessen de la pinacoteca nacional, Tita Cervera se pone de perfil y se centra en sus negocios. Esa la gran diferencia entre lo público y lo privado, esa es la triste realidad de nuestro país: los que se vanaglorian de patriotas, a la hora de la verdad se rajan y miran para otro lado.
No parece que doña Tita le haya hecho mucho caso a Felipe VI, que estos días anda el hombre promoviendo una gran colecta entre los Grandes de España para que sean espléndidos y donen leche y aceite a los pobres. La leche de la señora baronesa es la cultura, un alimento tan necesario para el país como el pan, pero en lugar de ordeñarla a beneficio de la sociedad la pone en venta para sacarse unos milloncejos, como si ella tuviese apuros para llegar a final de mes. Habría que preguntarle a la señora Cervera cómo viviría ella con 400 euros, el salario mínimo que Pedro Sánchez ha conseguido para los pobres frente a la feroz oposición, odio y elitismo de las derechas. Habría que ver para cuántos cócteles daría esa “paguita”, como dice Abascal humillando a los que no tienen nada; para cuántos paseos en taxi por el Paseo de Recoletos; para cuántos hermosos modelitos con los que inaugurar grandes exposiciones universales.
Tita Cervera habrá hecho una gran labor por la cultura en España, eso nadie lo discute, pero España también le ha dado mucho a doña Tita, mayormente suculentos negocios. El arte no es de los mecenas, ni de los marchantes, ni siquiera de los legítimos propietarios a los que les ha llegado el tesoro por herencia del abuelo. El arte es del pueblo. El arte sin el pueblo no es nada y se acaba convirtiendo en un mal negocio como el ladrillo o el acero para tanques, que así es como empezó a prosperar la saga familiar Thyssen. Si el arte no es algo que se pueda tomar y dejar, sino que es algo necesario para vivir, como dijo Oscar Wilde, la baronesa está dejando al pueblo sin un sustento de primerísima necesidad.
Ahora que el virus ha igualado a pobres y a ricos, sometiéndolos al juicio implacable de la muerte y arrastrando al país a una ruina de posguerra, los Grandes de España corren a vender sus cuberterías de plata, sus pedruscos preciosos, su colección de sellos y sus armaduras heráldicas en el Rastro. La baronesa solo tiene unos cuantos lienzos que es preciso colocar por ahí para mantener la mansión con piscina, los viajes a Marbella y las clases de alemán. Dicen que Mata Mua, el cuadro que la Thyssen pretende sacar al mercado, es un canto a la vida originaria que tanto ansiaba encontrar el pintor francés. Sobrecoge que detrás de una verdad tan apabullante como es la vuelta a la verdad y a la pureza se pueda esconder tanto mercantilismo egoísta, tanto negocio superfluo y tanta mentira.

Viñeta: Igepzio

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