domingo, 6 de marzo de 2022

EL CARPETAZO

(Publicado en Diario16 el 3 de marzo de 2022)

En medio de la terrible guerra en Ucrania, los españoles se enteran de que la Fiscalía ha dado carpetazo al sumario sobre el patrimonio de Juan Carlos I en el extranjero. No ha podido escoger la Justicia española un mejor momento para archivar las causas del emérito. Justo cuando el mundo contiene la respiración ante la posibilidad de una Tercera Guerra Mundial, cuando Putin vuelve a amenazar con apretar el botón nuclear y volar el planeta por los aires, los señores fiscales del Tribunal Supremo meten el expediente regio en un cajón, se sacuden las manos, respiran hondo como quitándose un peso de encima y a otra cosa. Pocas maniobras judiciales tan burdas se han visto.

Hace apenas un mes, los negocietes del emérito al margen de Hacienda nos parecían el mayor escándalo de la historia, un delito tremendo, algo intolerable. Hoy, cuando nos encontramos al borde del apocalipsis nuclear y Pedro Sánchez anuncia que España enviará armas para ayudar a la resistencia ucraniana (metiéndonos de lleno en las harinas del conflicto), nada nos resulta importante, ni la inviolabilidad del monarca, ni los cien millones de dólares de regalo para Corinna Larsen, ni siquiera el archivo de las diligencias, pese a que ha quedado demostrado que Juan Carlos escamoteaba sus ganancias al fisco.

Todos estamos empezando a relativizar los problemas cotidianos y los asuntos de Estado, todos hacemos examen de conciencia por lo que pueda pasar si estalla la “World War Three”, como diría Borrell, cuyo nivel de inglés parece que mejora por fin ahora que el mundo se acaba. Mientras asistimos con horror a las imágenes espeluznantes de la primera guerra televisada en directo, a pelo y sin filtro, comenzamos a entender que quizá haya llegado la hora de desprendernos de nuestros bienes materiales, de la casa eternamente hipotecada, de la factura de la luz impagable, del coche gripado que no da para más, de los viejos libros, de los álbumes familiares y del odio irracional de primates que llevamos dentro para esperar tranquilamente que nos caiga encima el hongo aniquilador, el infierno total, el final de los tiempos. Nunca antes una generación de seres humanos había estado tan cerca del fin del mundo como la nuestra. Eso lo saben en Fiscalía, donde han decidido aprovechar el pánico nuclear, con astucia y cálculo, para pasar página a un asunto, el de los vicios ocultos del rey emérito, que ahora se nos antoja (de la misma manera que la decapitación política de Pablo Casado), una minucia, algo ridículo y sin importancia, cosa trivial.

“El Ministerio Público concluye que no cabe perseguir penalmente a Juan Carlos de Borbón por su condición de inviolable mientras fue jefe del Estado, por la prescripción de los hechos delictivos, por las regularizaciones fiscales y por falta de indicios de delito en otros casos”, publica el periódico El Mundo. De esta manera, las tramas investigadas en España y Suiza, desde las posibles comisiones del AVE a La Meca hasta los negocios con los testaferros, pasando por la fortuna del emérito en la isla de Jersey, acabarán como esqueletos polvorientos del viejo mundo cuando caiga sobre nosotros el último telón de acero, la bomba rusa, el frío invierno nuclear.

Al igual que aquellos fósiles del Jurásico quedaron grabados en las rocas tras la caída del meteorito que acabó con la vida en la Tierra hace 65 millones de años, una vez que el loco Putin apriete el botón de sus arsenales atómicos también el papelamen judicial del emérito, los audios rayados del CNI, las cuentas en bancos de Ginebra y las comisiones de los jeques árabes terminarán pulverizados o atrapados para siempre en el olvido, como los insectos en el ámbar. Poco o nada quedará de esa turbia página sobre el Borbón que hoy nos parece una broma de la historia y que nadie leerá porque no quedará ni un solo humano sobre la faz de la Tierra. Quizá, dentro de un millón de años, un astronauta extraviado en una curva espacio-temporal se estrelle en este maldito planeta (ya en manos de los simios, como le ocurrió al personaje aquel de Charlton Heston), y encuentre no solo la cabeza de la Estatua de la Libertad seccionada y semienterrada en la arena de una solitaria playa, sino el busto del rey emérito con una placa herrumbrosa cuya inscripción diga: “Lo siento, me he equivocao no volverá a ocurrir”. Para entonces tampoco importará demasiado el grito desgarrado del viajero en el tiempo contra los malnacidos capaces de convertir el maravilloso punto azul pálido en el espacio del que hablaba Carl Sagan en una roca yerma, estéril y radiactiva.

Cuenta la prensa que Putin se ha atrincherado con su juguete diabólico (el maletín nuclear) en un desconocido búnker de Siberia. Ahora que el rey emérito ya está libre de todo pecado, todo delito y toda culpa, quizá sea un buen momento para que suba a su jet privado, se plante allí y trate de convencer al perro loco de que no lo haga. Ya dejó caer el periodista Manuel Cerdán que entre ambos siempre hubo feeling, al menos en el pasado. De hecho, Corinna Larsen llegó de decirle al comisario Villarejo que, tras su ruptura sentimental con el monarca, Juan Carlos quiso desacreditarla ante el sátrapa del Kremlin. “El émérito ha llamado a Rusia. En Rusia me quieren mucho. Me lo ha contado el propio Serguéi Lavrov [ministro de Asuntos Exteriores moscovita]”, confesó la amiga entrañable. No se lo piense majestad, quede con Putin, comparta un vodka con él, emborrachen al pobre Mitrofán si es preciso, pare este sindiós como hizo con el 23F y los españoles se lo perdonaremos todo. Hasta sus pufos con Hacienda.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

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