domingo, 6 de marzo de 2022

TONI, EL PACIFISTA

(Publicado en Diario16 el 1 de marzo de 2022)

Y mira que lo advertimos en esta misma columna tal que hace unos días. Mira que, viendo venir que las tentaciones para las derechas serían fuertes, lanzamos un aviso previo a todo aquel ágrafo en Historia, mermado o tonto solemne que quisiera ver en la invasión de Ucrania una reedición de las antiguas injerencias de la URSS en sus países satélites. Lo avisamos por activa y por pasiva, que Putin no es comunista, hombre, que la Rusia de hoy es más zarista que estalinista, que el Kremlin ha caído en manos de unos oligarcas del gas que de bolcheviques tienen lo que Isabel Díaz Ayuso de sanchista. Y lo dijimos para que nos escucharan tanto los neorrancios de la derechona patria como los rojos nostálgicos de la Guerra Fría. Pues nada, tenía que salir el historiador dominguero de turno, el analista de andar por casa, el experto geoestratégico de medio pelo dispuesto a comparar lo que está ocurriendo en la frontera oriental europea con el antiguo imperialismo soviético. El avezado opinador no podía ser otro que Toni Cantó, que no sabe nada sobre nada más allá de arrimarse bien al poder y colocarse en despachos y carguetes.

En cuanto los tanques rusos atravesaron la frontera vecina, rumbo a Kiev, al director de la Oficina del Español, ese chiringuito o mamandurria, le faltó tiempo para echarse a la calle envuelto en una bandera amarilla y azul (se duda si hasta ese momento sabía ubicar Ucrania en el mapamundi). “Ya en Colón. Por Ucrania. Contra el comunismo”, soltó sin rubor el señor Cantó en un tuit antológico para la posteridad. A buen seguro debió pensar que como en esta película hay rusos, americanos, espías del KGB y maletines nucleares esto tenía que ver, sin duda, con aquello del Telón de Acero que había escuchado en el colegio. Algo le sonaba de las películas de James Bond, que no de las novelas que no ha leído (si lo hubiese hecho habría aprendido alguna cosa, ya que en sus libros Ian Fleming siempre tiene alguna parrafada histórica para contextualizar a sus personajes).

Lógicamente, con semejante análisis de brocha gorda el bueno de Toni no solo había cavado su propia tumba en las redes sociales, donde empezaron a caerle hostias como panes (una vez más volvió a petarlo y a ser trending), sino que había quedado meridianamente acreditado que el director de la Oficina del Español estaba haciendo el ridículo ante la comunidad internacional y parte del extranjero. Él, claro está, no era consciente de que había metido la pata hasta el cuezo. Ocurre que a menudo el pedante pierde la noción de la realidad y termina viéndose a sí mismo como el más grande intelectual de su tiempo.

Lamentablemente, Toni Cantó, quizá por aquello de que es actor, ha querido jugar a los intelectuales o a activista concienciado como los Bardem. El problema es que nuestro clan de artistas más internacional siempre sabe estar en el lado bueno de la historia y en el “no a la guerra” sea quien sea quien la promueva (yanquis o soviéticos) y además se documentan, estudian un poco el conflicto, sus orígenes y causas, un mínimo, y no se lanzan a las manifestaciones antibelicistas que se convocan para gritar la primera capullada que se les pasa por la cabeza, como hace Toni. Javier, Carlos y antes Pilar (nuestra recordada gran dama del cine) siempre se caracterizaron por su integridad y su compromiso sincero con la paz, pero a este Toni se le trasparentan las intenciones, el maquiavelismo, el oportunismo político. Él fue a la manifa de Colón no para mostrar sus condolencias con el pueblo ucraniano ni para expresar su total rechazo al tirano moscovita, sino para intentar sacada tajada electoral –no ya para él, que no tiene partido, hoy está en el PP, mañana Dios sabe dónde–, para colgarse la medalla ante la reina Isabel y para acreditar que no todo es perder el tiempo en la Oficina del Español, ya que también hace algo por la causa de las derechas españolas.

¿Pero hombre Toni, cómo se te ocurre decir que Putin es comunista cuando el Oso de Moscú ha abierto Rusia a la economía de mercado, cuando se codea con los grandes petroleros y oligarcas que no saben ni quién fue Lenin y cuando ni él mismo sabe la pasta que tiene a buen recaudo en paraísos fiscales? No hay más que ver el casoplón en el que vive el líder ruso (una finca cuarenta veces más grande que el Principado de Mónaco con sala de striptease, casino y pista de hielo subterránea) más el superyate y los 100.000 millones de dólares que se le suponen. Putin vive una realidad paralela de caballos de pura raza, cacerías en la estepa rusa, pianos de cola y combates de judo amañados (si los espárrines no se dejan ganar los mandan directamente a un gulag de Siberia). Con seis mil guardaespaldas a su servicio y una cohorte de magnates mangantes (su ex yerno Kirill Shamalov, el constructor Boris Rotenberg y Gennady Timchenko, el inversor que pasa por ser el hombre más rico del país, entre otros muchos), Putin está muy lejos de ser un comunista. Puede que sea un comunista de lo ajeno (lo mío es mío y lo tuyo mío es), alguien que hace suyo lo de los demás pero nunca reparte. Un jeta atómico, un megalómano inmoral cuyos principios empiezan y terminan en el dinero, un Trump nacionalpopulista y facha a la rusa. O sea, un fenómeno típico del nuevo desorden mundial y un corrupto del neoliberalismo globalizante preconizado por las élites financieras que mueven el mundo. Sí Toni, sí, Putin es de los tuyos, de los que tú defiendes, del modelo económico capitalista salvaje que te hace tilín. No intentes engañar al pueblo que no cuela.  

Viñeta: Adrián Palmas

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