lunes, 21 de agosto de 2023

EL VÍDEO CURSI

(Publicado en Diario16 el 3 de julio de 2023)

Todos los grandes hombres necesitan dejar sus gestas, por escrito, para la posteridad. Julio César escribió La guerra de las Galias, un relato trepidante sobre sus conquistas y aventuras. Azaña legó sus diarios, una crónica sobre la agonía de España. Y Winston Churchill contó, paso a paso, el infierno del nazismo y la Segunda Guerra Mundial. Ya sabíamos que Feijóo no es precisamente Lawrence de Arabia, que en Los siete pilares de la sabiduría deja constancia de una vivencia personal apasionante en un momento convulso de la historia. El gallego se antoja un hombre más bien gris, anodino, funcionarial. Otro personaje previsible que tanto abunda en la cantera de las derechas ibéricas. Sin embargo, el candidato conservador ha creído oportuno rodar un vídeo autobiográfico, que es casi como un cortometraje apresurado en el que hace un somero repaso de su infancia, de su juventud y de los grandes momentos que le llevaron a emprender una carrera política.

¿Qué podía contar el dirigente popular tan apasionante como para deslumbrar a la opinión pública? ¿Qué grandes logros e hitos ha aportado a la historia de España y de la humanidad como para poder pensar, siquiera por un momento, que los españoles no podían vivir ni un minuto más sin saber de su vida y milagros? Es cierto que ha ganado unas cuantas elecciones en su pueblo pero, siendo sinceros, su existencia hasta hoy es tan aburrida e intrascendente como la de una ameba. La biografía de Feijóo puede dar para unos minutos en El Hormiguero, y ni eso, que al final su entrevista con Pablo Motos se nos hizo larga y tediosa y hubo que meter anuncios para rellenar. Sin embargo, el aspirante a la Moncloa se ha tirado el nardo de estadista antes de ganar las elecciones y ha fabricado una película sobre sí mismo en la que, paseando por los verdes prados gallegos, trata de convencernos de que ya ha hecho historia, cual nuevo Castelao del siglo XXI.

“Mi equipo me ha convencido de que es bueno que conozcáis mejor a la persona que hay detrás de Feijóo”, dice con falsa modestia. Déjelo, déjelo, no se esfuerce, piensa ahí el espectador. Y las peores sensaciones se confirman a medida que avanza el tráiler, entre otras cosas porque para este tipo de puesta en escena, entre heroica y sentimental, se necesita ser buen actor y Feijóo no es Javier Bardem precisamente. “Ese que veis en la foto soy yo, cuando tenía más o menos un año y medio. Un niño que nació en una aldea, como muchos otros, de poco más de doscientos o trescientos habitantes. Recuerdo el día que vi aquella maleta sobre la cama, y supe enseguida que una etapa se acababa”, relata al comienzo del biopic protagonizado por él mismo. Esa parte es la más emotiva del film (la infancia es la edad más interesante y trascendental de la persona, ya que marca lo que va a ser en el futuro), habla de lo duro que fue separarse de la familia para entrar en el internado y solo le falta sacar la foto de la primera comunión. El conjunto cinematográfico es algo cursi y afectado, rezuma impostura, pero más allá de eso se echan en falta algunos retales de la infancia del personaje, como cuando se colaba en el corral para espiar a los conejos haciendo ñaca ñaca, o sea el kiki conejil, algo que él mismo ha contado, con fascinación, alguna que otra vez. Será que la campaña electoral manda, que las elecciones se están jugando por un corto margen de votos, y que hay que hilar muy fino con lo que se cuenta y con lo que no. Es evidente que sus asesores, quizá el propio Borja Sémper, han decidido censurar ese episodio que restaba más que sumaba por sórdido y extraño.  

Pasado el momento de la niñez, Feijóo entra a analizar sus primeros pasos en la carrera profesional. El personaje va caminando por la campiña, ufano y seguro de sí mismo, entre caseríos, ríos y puentes, tratando de aparentar que es un ruralita más. En realidad, va tan bien vestido, tan de boutique y pincelín, que cualquier gallego de campo verá en él a un pijo de ciudad, a un dominguero de Madrid o turista accidental que se deja caer por allí de vez en cuando. Solo le falta el Lacoste anudado al cuello. Es entonces cuando explica que su padre cayó en el paro y que tuvo que opositar a funcionario de la Xunta. “Me llegó una propuesta de asumir una responsabilidad. Era una designación política, y eso suponía algo que no quería: meterme en política, y dije que no”, confiesa el candidato a la Presidencia del Gobierno. El hecho de que este hombre reconozca que nunca tuvo vocación de servidor público infunde sospechas de insolvencia y da que pensar. Lo normal es que el gran estadista destinado a hacer grandes cosas por su país sienta la llamada desde bien temprano. Y del vídeo no se deduce un joven Feijóo sentado bajo un castaño, en plan Lincoln, empapándose de la Constitución, las leyes, los reglamentos y los Estatutos de Autonomía. La secuencia transmite la sensación de que el hoy líder del PP pasaba por allí, que un amigo le dio un carguete y hala, a ganarse el pan, que esto de la política es un trabajo como otro cualquiera, como plantar coles o poner ladrillos. Tampoco la favorece demasiado reconocer que votó a Felipe González como un rebotado más del PSOE. Ahí Abascal le meterá el colmillo retorcido seguro, poniéndolo de traidor e infiltrado del socialismo azul.

Algo después, y siguiendo la moda anglosajona o norteamericana, Feijóo nos presenta a su familia, que tampoco tiene demasiado interés. La familia es para cada cual y poco le interesa al pueblo. Se deduce que ama a su mujer y que llevará a su hijo a su tierra natal cuando crezca para enseñarle sus raíces. Pues muy bien. No aporta información sobre lo que nos interesa a todos, el futuro del país, y si lo que se buscaba era proyectar la imagen de hombre cercano y humilde no se logra. Lógicamente, no dice ni media palabra sobre sus aventuras marinas con el narcotraficante Marcial Dorado, el yate y todo eso. Ahí sí que había una historia trepidante en plan Joseph Conrad, un novelón negro sobre barcos, fauna humana y acción que ni Tener y no tener. Desgraciadamente, lo mejor y más sabroso de la biografía nos lo hurta. “Mira que Feijóo tiene cosas que contar. Pues es imposible venderlo peor”, ha dicho Federico esta mañana. Y con razón.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

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