domingo, 29 de octubre de 2023

EL CONGRESILLO DE AYUSO

(Publicado en Diario16 el 13 de octubre de 2023)

Hace tiempo que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha convertido la Asamblea regional en su particular Congresillo de los Diputados. Allí ya no se va a hablar de la Sanidad pública maltrecha, ni de las carreteras que necesitan los madrileños, ni de impuestos o de los asuntos relacionados con el suministro del agua o electricidad. Allí se discute sobre política nacional, sobre ETA, sobre Bildu, sobre Venezuela, Ucrania y Hamás. ¿Qué le interesará a un vecino de Getafe, Aluche o Alcorcón la fobia secular entre árabes e israelíes? Esas cuestiones de alta política internacional deberían dirimirse en las Cortes Generales, pero la Dama de Hierro las cuela una y otra vez porque cree que el cargo se le queda pequeño, porque está convencida de que su rival directo es Pedro Sánchez (puenteando descaradamente a Feijóo) y porque siente que ella está llamada a empresas más gloriosas.

En ocasiones, asistir a un Pleno de la Asamblea Regional es una experiencia surrealista (el surrealismo es el ambiente en el que ella, la diva de Chamberí, se mueve como pez en el agua). En cualquier momento, y sin que se sepa por qué, Ayuso empieza a largar una de sus peroratas de perogrullo sobre el chavismo venezolano y ahí queda la cosa para los anales. O echa un sermón sobre la soberanía nacional, o suelta una diatriba sobre la integridad de la patria o da una lección de auténtico constitucionalismo (algo que en realidad desconoce, ya que la Constitución ni se la sabe ni la entiende). En la última sesión, le ha dado por exigir a Sánchez que “corte el grifo” a los grupos “vinculados” con los terroristas de Hamás. Una maniobra que el portavoz del PSOE, Juan Lobato, ha calificado de “mezquina” por lo que tiene de tratar de usar el conflicto palestino para “hacer política”.

Ayuso sabe mucho de grifos, no en vano de cuando en cuando abre el manguerazo de la amnistía fiscal a las grandes fortunas mientras cierra la llave de paso de la luz y el líquido elemento al menesteroso y necesitado barrio de Cañada Real. “Los días pasan y poco a poco voy normalizando el hecho de estudiar con una vela, ducharme con agua fría o dormir con cinco mantas. Pero lo que no consigo estabilizar son mis sentimientos, ya que me siento excluida del resto de la sociedad”, le explicó en cierta ocasión, en una dramática carta, una niña harta de vivir en el apartheid ultraliberal. Palestina queda muy lejos de la Puerta del Sol, pero a la vez está muy cerca, ya que Madrid también tiene su Franja de Gaza, sus gentes del gueto, sus olvidados que no son ricos. El grifo del que debería preocuparse Ayuso está en esos barrios, pero de ese grifo nunca habla la lideresa castiza. Ahora la mujer anda muy preocupada por la delicada y tensa política internacional; por lo que se estará decidiendo en la Casa Blanca entre los Biden, Blinken, la CIA y los generalotes del Pentágono; por cuál será el siguiente movimiento de Hamás y Netanyahu. Todo eso se le antoja crucial y trascendental para los madrileños. Una vez alcanzada la libertad total para tomar cañas y tapas en las terrazas de la Plaza Mayor, a la presidenta ya solo le queda arreglar el sindiós mundial. Y ahí está ELLA. Cualquier día levanta el Teléfono Rojo y llama a Moscú para verse las caras con Putin. Cualquier mañana desocupada le roba el Falcon a Sánchez (está deseándolo), se planta en la residencia de Trump en Mar-a-Lago, Palm Beach, Florida, y le plantea a su admirado líder político y espiritual un nuevo plan de paz para Palestina (ya se está viendo que el que propuso en su momento el magnate del tupé rubio, con declaración de Jerusalén como capital de Israel incluida, no sirvió más que para avivar el incendio en Oriente Medio).

Ayuso ya no está para cositas del montón, minucias o simplezas como mejorar la vida de las clases trabajadoras de su región (la brecha entre ricos y pobres es cada vez mayor, o sea un imposible), sino que ha sido llamada a otras grandes empresas para la historia. Por lo visto se le ha puesto muy mal cuerpo desde que vio las “imágenes de bebés decapitados” y de “mujeres a las que les han abierto el vientre para apuñalarles los fetos”, todas esas fechorías cometidas por Hamás. Sin embargo, cuando una bomba despanzurra a un niño palestino o destruye una escuela u hospital, eso ya le duele menos. Así son los ultraliberales, clasistas hasta con los muertos. Pero ella ha decidido mover ficha en el gran tablero geoestratégico internacional y no nos extrañe si en un momento dado se planta ella solita en una cumbre de la OTAN y los pone a todos firmes. U organiza otra Conferencia de Paz árabe-israelí, como la de Madrid del 91 que, dicho sea de paso, y analizado con la perspectiva del tiempo, tampoco sirvió de mucho. La niña no será capaz de resolver el conflicto laboral sanitario enquistado desde que llegó al poder en los hospitales madrileños, pero la cuestión palestina que colea desde 1947 la arregla en un santiamén cerrándole “el grifo” a Hamás. Ayuso vuela alto. Sánchez se le queda pequeño. Su lugar está en el G20 no en las obras de la M30. No debe saber ni quién fue Yasir Arafat o Simón Peres, pero seguro que aplicando su vanguardista teoría filosófica sobre la libertad, con muchas cañas y tapas, evita la internacionalización del conflicto palestino y hasta la Tercera Guerra Mundial. Ya sueña con el Nobel de la Paz.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

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