lunes, 30 de octubre de 2023

NETANYAHU


(Publicado en Diario16 el 17 de octubre de 2023)

El gran dibujante Lombilla publica una de sus magistrales viñetas: un cartel con un letrero que reza “Coto privado de Gaza”. No hacen falta más palabras, ni más texto, ni más crónicas para entender lo que está ocurriendo en Palestina. Los ultraortodoxos hebreos, los fieles adeptos del ojo por ojo, o sea, los duros de Netanyahu, han tomado aquel palmo de tierra maldita de cuarenta kilómetros por diez como su campo de tiro, su parcela de entrenamiento, su coto de caza. Se ha abierto la veda del palestino, la cacería del hombre. Pero nadie está dispuesto a plantarse delante de la terrible maquinaria bélica de Israel siempre escoltada por Estados Unidos. Tal como se está viendo, la ONU va a permitir que el matón se dé un festín de sangre y carne inocente. Lo que estamos presenciando es el canibalismo militar admitido, la suprema violencia legalizada, institucionalizada y tolerada por la comunidad internacional.  

En el cuarentañismo, Franco cerraba sus asuntos de Estado, sus nombramientos de nuevos ministros y chanchullos con los empresarios del Régimen matando perdices en El Pardo. En cierta ocasión, el dictador sufrió un accidente con su escopeta. “Ligeras heridas en la mano izquierda de las que ha sido curado en el Hospital Central del Aire”, decía el escueto teletipo de la agencia oficial franquista. No caerá esa breva con Netanyahu. El faraón que ha dado comienzo a otro éxodo de reminiscencias bíblicas, convirtiendo a los palestinos en sus perdices particulares, jamás se dejará caer por el coto de caza ni por las trincheras. Todo lo más, pasará revista a las tropas, dará una palmadita en la espalda a los soldados judíos enviados al matadero y con las mismas otra vez para Tel Aviv. “Estáis listos para dar el siguiente paso? Se acerca el momento”, arenga a los reclutas mientras posa con un chaleco antibalas que le viene grande. Desde el primer crimen de Caín, siempre fue lo mismo. La guerra es un lugar donde jóvenes que no se conocen y no se odian se matan entre sí por la decisión de viejos que se conocen y se odian, pero no se matan, decía el fotoperiodista de la Magnum, Erich Hartman.

El viejo terminal, el Matusalén del Likud que se cree imbuido por el espíritu de Moisés, desprecia la vida de los jóvenes, de todos los jóvenes, de los suyos y de los enemigos. ¿Cuántas bajas costará la descerebrada operación de castigo para reducir a escombros la Franja de Gaza? ¿Cuántos inocentes pagarán el precio de su barbarie? Los niños palestinos beben agua del mar porque ya no queda agua potable. Los hospitales, sin luz ni medicinas, se han convertido en morgues improvisadas. Ya no hay bolsas de plástico para tanto cadáver. La ayuda humanitaria no llega, el bloqueo israelí estrangula a más de un millón de personas. Todo país tiene derecho a defenderse; ningún país tiene derecho a masacrar a la población civil. Netanyahu va a cometer un segundo genocidio sobre el primero perpetrado por Hamás. En menos de una semana, el Ejército hebreo ha matado a 2.800 personas (más de una tercera parte niños). Es un horrendo crimen contra la humanidad.

Mientras tanto, la guerra en Oriente Medio divide a los españoles. El PP, con su política de doble rasero (solo las víctimas israelíes le duelen, las palestinas se la traen al pairo), hace política basura para arañar unos cuantos votos más. Decir eso de que o se está con Israel o se está con Hamás es caer en un reduccionismo inmaduro y pueril propio del parvulario. El Gobierno, por su parte, navega en una extraña equidistancia, la que le marca la posición oficial de la Unión Europea –que reconoce el derecho del pueblo israelí a defenderse–, y la presión de sus socios de legislatura, que le exigen que rompa ya con Israel. ¿Pero qué clase de hipocresía es esa? O se está con el Derecho Internacional o se está con la barbarie. Todo el mundo está viendo, en directo y en prime time, que la locura del carnicero de Gaza no tiene límites. Y esa ambigüedad del PSOE está haciendo saltar las costuras del Ejecutivo de coalición. Sumar y Podemos no podían apoyar a Sánchez en este asunto tan sensible y ayer mismo Ione Belarra exigía que Netanyahu sea llevado ante el Tribunal Penal de La Haya, que es donde debería terminar como el criminal de guerra que es. Era solo cuestión de tiempo que esta nueva crisis entre los socios de Gobierno estallara estrepitosamente. Se veía venir. Y esa brecha, esa debilidad, la ha aprovechado Israel. Ayer, el Gobierno hebreo pasaba al ataque al condenar “enérgicamente” las declaraciones “inmorales” de los ministros podemitas, a los que acusa de alinearse con el grupo terrorista Hamás. Y exigía al presidente español que las condene “inequívocamente”. La ofensiva diplomática de Netanyahu contra nuestro país no ha sentado nada bien en Moncloa y el Ministerio de Exteriores ha movido ficha al calificar de “falsedades” e “insinuaciones infundadas” las acusaciones de Israel. “Cualquier responsable político puede expresar libremente posiciones como representante de un partido político en una democracia plena como es España”, advierte el comunicado ministerial.

La UE vive horas de tensión. Una semana, una, ha tardado Von Der Leyen en pedir que la respuesta de Israel tras los atentados de Hamás sea proporcionada al derecho humanitario. Mientras tanto, Estados Unidos empieza a modular también su discurso, reclamando moderación a Israel. El propio Biden ha advertido a Netanyahu de que volver a ocupar la Franja de Gaza sería un “gran error”. Sánchez no puede, no debe, hacer seguidismo de una Europa timorata y de una Administración norteamericana entregada al tradicional aliado israelí. Por no haber puesto pie en pared a tiempo, condenando el genocidio palestino en Gaza, ahora el presidente en funciones se encuentra con un problema. Y todo ello en medio de unas negociaciones para la formación de Gobierno en las que se ha colado un cisne negro con el que el líder socialista no contaba: el conflicto de Oriente Medio que fractura a la izquierda española.

Viñeta: Pedro Parrilla

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