sábado, 24 de octubre de 2020

AGUIRRE VOXISTA

(Publicado en Diario16 el 17 de octubre de 2020)

Esperanza Aguirre quiere que el Partido Popular vote a favor de la moción de censura de Vox contra Pedro Sánchez. Por lo visto, la que hasta hace no mucho presumía de ser la gran liberal española, la gran dama centrista a la europea, ha evolucionado aceleradamente hacia el falangismo más recalcitrante, carpetovetónico y extremo. Y eso que Aznar pide que el Grupo Popular vote no a la inoportuna moción de los ultras al considerar que está abocada al fracaso, lo cual supondrá darle más oxígeno a Sánchez. Sin embargo, la condesa consorte de Bornos sigue siendo un verso suelto y cree que el PP debe votar a favor de la iniciativa de Santiago Abascal, ese señor que para ella es tan majo. Y el caso es que no extraña ni la afinidad personal ni la proximidad política de la exlideresa castiza con quien fue uno de sus protegidos para dirigir algún que otro chiringuito o mamandurria. De hecho, tal como apuntó en su día el diputado de Podemos Hugo Martínez Abarca, Vox no es una “criatura” que haya nacido por generación espontánea, sino que es un engendro “del PP de Esperanza Aguirre”, ya que fue ella, la entonces presidenta de Madrid, quien nombró a Abascal director de la Fundación para el Mecenazgo y el Patrocinio Social de la Comunidad de Madrid, dando la alternativa en política al hoy líder de la extrema derecha patria. Ningún proyecto de aquella fundación terminó con éxito, lo cual no impidió que el hoy Caudillo de Bilbao se embolsara un salario nada despreciable de más de 82.000 euros del erario público. El propio Abascal ha llegado a admitir que aquello del Mecenazgo y el Patrocinio de bla, bla, bla no dejaba de ser un “chiringuito” muy bien montado, aunque ha justificado el pastón que se levantaba porque “estaba trabajando en ese momento” y a nadie le amarga un dulce.    

Ahora el nombre de Aguirre suena con fuerza para formar parte del periódico que Vox acaba de poner en marcha y en el que por lo visto colaborarán Hermann Tertsch, Fernando Sánchez Dragó, Alfonso Ussía o Rafael Bardají, entre otras plumas de la caverna o Brunete mediática. Algunos de los nombrados están estrechamente vinculados al “aguirrismo” que dirigió los destinos de Madrid durante años, de modo que todo queda en casa. De alguna manera es como si el destino hubiese querido completar la carambola perfecta: Aguirre contrató a Abascal en su día y este ahora le devuelve la deferencia. El karma pepero, la cadena de favores y la forma de entender la política de la derecha española, entre el enchufismo y el nepotismo, resulta fascinante.

Pero más allá de amistades, afinidades y agendas de contactos, llama la atención que el discurso de Aguirre suene últimamente tan falangista, tan rancio, tan de Extremadura, cuando ella siempre se ha esforzado por ir de liberal a la europea. Así son los personajes de la derechona española, hoy están en el centro y mañana cantando el Cara al Sol; hoy son muy de Winston Churchill y mañana de Millán-Astray. Con ellos uno nunca sabe a qué atenerse. Sea como fuere, el caso es que Aguirre ha dejado en los últimos días perlas como que “por el número de muertos, por las mentiras y por decir que jamás pactaría con Podemos”, el Ejecutivo Sánchez merece ser censurado. O también que “la inmensa mayoría de los españoles” no entendería que el PP votase que no a la moción de censura ultraderechista.

Aguirre es de las que opinan que las derechas deben unirse en un frente común para evitar que “los comunistas” gobiernen durante veinte años. Por eso insta a Pablo Casado a unir a Ciudadanos y a Vox bajo las siglas del PP, al menos en “las circunscripciones pequeñas”. “Pablo [Casado] recibió el PP partido en tres como consecuencia de que, en su momento, Rajoy dijo que los liberales y los conservadores se fueran al partido liberal y al conservador. Le hicieron caso y se han montado Ciudadanos y Vox. Y Pablo lo que tiene que tratar es de unificarlos”, recalca. No queda ahí la cosa. Para conseguir la unidad de las derechas (que no sería sino la consolidación del Trío de Colón), Aguirre se postula para ejercer de mediadora entre el propio Casado y Abascal. “No lo había pensado, como estoy fuera de primera línea… Pero me parece una idea muy buena”, concluye con su habitual retranca chulapa.

Estamos por tanto ante una mujer que se ha quitado la careta y que no le hace ascos al falangismo de nuevo cuño. Es lo que tiene quedarse en el dique seco, dejar de formar parte del circo de la política y que el teléfono ya no suene como antes. Aguirre es eso que se llama un “animal político” (con perdón) y no lleva bien su nuevo rol de juguete roto. No se resigna a perder el relumbrón de los focos, a pasar como una diva en horas bajas, y si para ello tiene que ponerse la camiseta verde de Vox y comprar el manido discurso contra el “consenso progre”, el “social-comunismo” y la “dictadura feminazi” lo hará sin dudarlo dos veces. No sería la primera vez que demuestra que es una auténtica camaleona de la política. Aunque visto el contexto judicial, quizá esa evolución política (más bien involución) puede tener algo que ver también con que Aguirre esté siendo investigada en la pieza Púnica, que indaga en la financiación irregular del PP de Madrid. La mujer anda como loca pidiendo que no se le aplique la reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal que elimina los plazos de instrucción para investigar casos de corrupción. Si su Santi y su Pablo se juntan para ganar las elecciones, quizá coloquen jueces de la cuerda conservadora y se aclare su negro panorama judicial. Ya se sabe que en España quien controla a Montesquieu controla el poder.

Viñeta: Igepzio

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