domingo, 18 de octubre de 2020

EL ESTADO FALLIDO

(Publicado en Diario16 el 14 de octubre de 2020)

“En Europa ya ven a España como un estado fallido, pero no es así; el fallido es usted”, le ha dicho Pablo Casado a Pedro Sánchez en sede parlamentaria. De esta manera, el líder de la oposición parece jactarse de que su plan oculto, su complot para boicotear los 140.000 millones en ayudas europeas a nuestro país está dando resultado. En los últimos días algunos eurodiputados han cuestionado públicamente el paquete de subvenciones a fondo perdido para la reconstrucción económica y alguno de ellos incluso ha llegado a manifestar que ese plan Marshall es “peligroso” por el clima de crispación y la política tóxica que se respira en España. El dinero siempre huye del desorden y en eso anda Pablo Casado, en tratar de demostrar ante los jerarcas de la UE que España no es un país fiable sino un Estado fallido, como él mismo dice. Esta misma mañana el líder de la oposición ha vuelto a convertir el Congreso de los Diputados en un barrizal, un espectáculo lamentable de gresca, insultos y desprecios, sin que se haya dedicado ni un solo minuto a debatir cómo se van a repartir los 140.000 millones en ayudas. A estas alturas no se sabe qué criterios se van a seguir para distribuir el maná de Bruselas entre las diferentes comunidades autónomas, ni qué sectores industriales serán los más favorecidos. Todo es ruido y confusión, la estrategia que le interesa al máximo dirigente de Génova 13.

Cabe recordar que el fondo de ayuda covid está pendiente de transferencia y que nuestro país no recibirá los primeros ingresos hasta la segunda mitad del próximo año, según afirmó el pasado viernes el comisario de Economía, Paolo Gentiloni, en una entrevista al diario italiano La Repubblica. La cuestión es muy delicada (está en juego el futuro del país) y sin embargo Casado sigue jugando con las ansiadas ayudas a las familias y empresas, máxime teniendo en cuenta que el Fondo Monetario Internacional acaba de publicar un informe en el que vaticina que nuestra economía nacional no volverá a crecer al mismo nivel anterior al tsunami de la pandemia hasta el año 2026.

Es evidente que en Europa no gusta lo que se está viendo en España. Una oposición que se ha desentendido de colaborar en la salida de la crisis, una extrema derecha envalentonada que trata de derrocar a un Gobierno debilitado y un clima de inestabilidad, confrontación y crispación como no se aprecia en ningún otro país europeo. En las últimas horas se ha filtrado desde Bruselas que Holanda −el país que tradicionalmente ha liderado el rechazo de los países del norte de Europa a las peticiones de socorro de España e Italia (ambos al borde de la bancarrota por la plaga)− estaría replanteándose volver a poner encima de la mesa la renegociación del plan de ayudas europeas. Los holandeses temen que entre tanto barullo, caos e incompetencia política española toda esa ingente suma de dinero acabe despilfarrándose, o lo que es aún peor, en el pozo de la corrupción. Esa es la tesis de Casado, que en los últimos meses ha estado machacando con el bulo y presionando al grupo conservador en Bruselas para que fiscalice y controle al máximo el dinero que tiene que llegar al Gobierno español para su distribución. A este respecto, el líder de los populares europeos en la Eurocámara, Manfred Weber, ha llegado a asegurar que “desde el Partido Popular Europeo tenemos, por decirlo así, dos condiciones. No queremos desperdiciar el dinero en gastos del pasado, sino invertir en el futuro. El PPE no está dispuesto a que se financien las falsas promesas de Podemos”.

La idea de que Pedro Sánchez es poco menos que un manirroto que no sabrá administrar la montaña de millones que llegarán de la UE y que la destinará a otras cosas como la transición ecológica o las ayudas sociales ha calado hondo tras la insistente campaña de desprestigio desplegada por el presidente del Partido Popular. El líder de la oposición ha terminado por incrementar el recelo de holandeses, finlandeses y austríacos –los tres socios más reacios a ser solidarios con los pobres pueblos mediterráneos− y en estos países algunos medios de comunicación empiezan a exigir que España adelgace su déficit y gasto público, reduzca el número de cargos e instituciones políticas, se rebajen los sueldos y se ataje de una vez la corrupción. En definitiva, que “los españoles adopten de una vez una política seria y racional de eficacia al servicio del ciudadano, de la austeridad y del ahorro”. En esa misma línea va el infame informe de la portavoz del PP en el Parlamento Europeo, Dolors Montserrat, quien ha asegurado que el propósito de su partido es pedir un cambio en el paquete de reformas propuesto por el Gobierno. Al respecto, varias formaciones políticas europeas de la izquierda han mostrado su descontento por el hecho de que la eurodiputada y lugarteniente de Casado en la UE esté impulsando los planes particulares de su partido político mientras preside la Comisión de Peticiones de la Eurocámara.   

De cualquier modo, el daño a la imagen de España en el exterior que está ocasionando Pablo Casado es ya irreparable. Es evidente que su complot, su conspiración para desprestigiar al Gobierno de coalición en las instituciones comunitarias, está dando resultado para desgracia de los españoles, que necesitan esas ayudas europeas como agua de mayo. El maquiavelismo casadista ha quedado al descubierto ya que, mientras por un lado trata de aparentar que es un líder de la oposición sensato y responsable que ha ofrecido al Gobierno un plan B para afrontar la crisis provocada por el coronavirus, por otra parte su objetivo principal es que las ayudas no lleguen a España para que Sánchez termine cayendo. Y en ese juego terrible anda el presidente del PP: un maniobrero en la sombra contra los intereses del país revestido con el falso traje del patriota.  

Mientras tanto, el FMI advierte de que España puede quedar “rezagada” en la salida de la crisis y avisa de que puede llegar un momento en que las ayudas europeas “ya no sean suficientes” para iniciar la senda de la recuperación. El futuro de España está en juego mientras Casado sigue con sus estrategias perversas y con sus experimentos políticos sin duda aprendidos en aquel máster acelerado (quizá demasiado) de Harvard-Aravaca.  

Viñeta: Iñaki y Frenchy

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