domingo, 27 de diciembre de 2020

LA MANIFA DE LAS MONJITAS

 

(Publicado en Diario16 el 21 de noviembre de 2020)

Tal como era de esperar tras la tramitación de la ley Celaá, la guerra por el control de las escuelas no ha tardado en estallar. Las derechas no van a dejar pasar la oportunidad de rentabilizar dos asuntos sensibles, el de la supresión del castellano como lengua vehicular y las restricciones a la educación concertada, que siempre han figurado en la lista de polémicas demagógicas a exprimir porque remueven mucha bilis entre los sectores más tradicionales y conservadores de la sociedad. Ayer mismo, el líder del PP, Pablo Casado, anunciaba que participará en la manifestación de este domingo en Madrid convocada por la plataforma Más Plurales contra la reforma educativa. Por supuesto, junto a él estarán Isabel Díaz Ayuso y el alcalde de la capital, José Luis Martínez-Almeida.

De modo que ya están preparados los ejércitos conservadores con toda su parafernalia habitual: la tropa de padres y madres de los barrios pijos que se han tragado, una vez más, la gallofa de que la libertad está peligro; la infantería de cayetanos y cacerolos que enarbolarán miles de banderas rojigualdas, como en el desfile franquista de la victoria; los carros blindados, o sea los autobuses de Hazte Oír, los autocares del Opus y los contaminantes coches de alta gama de Vox; y las procesiones nacionalcatolicistas, es decir, los dominicos, jesuitas y monjitas ursulinas de los colegios privados con su escuadrilla musical de guitarristas y coros de catequistas, que llevarán la puesta en escena hasta donde haga falta. Preparémonos por tanto para una nueva demostración de poder de los poderes fácticos tradicionales (derechona, patronal e Iglesia católica) una gran ceremonia de la histeria colectiva donde se pondrá a caldo Sánchez y a Celaá, se lanzarán al viento unos cuantos insultos en honor a la mala educación y saldrá a relucir algún que otro pollo o aguilucho preconstitucional.

Sobre el riesgo de que el contagio coronavírico aumente exponencialmente a causa de las aglomeraciones por la manifestación nada se dice. Si luego caen unos cuantos cientos de manifestantes contagiados por el covid, el precio a pagar se dará por bueno. Para eso ha construido Díaz Ayuso el hospital de pandemias, para que los héroes madrileños del Dos de Mayo que pelean por la libertad y contra la invasión del franchute y ateo sanchista tengan un lugar bonito donde terminar sus días tras su brava cruzada contra el chavismo podemita e indepe. Aquí el coronavirus es lo de menos, de lo que se trata es de organizar un movidón por cualquier cosa, en este caso una ley educativa que, dicho sea de paso, ha sido aprobada por mayoría en el Congreso de los Diputados y por tanto cumple cabalmente con todos los requisitos y garantías constitucionales. O sea que no hay dictadura bolchevique ni totalitarismo por ningún lado más que en la imaginación de Casado.

A los organizadores de la manifestación habría que preguntarles si el motivo de la protesta es la ley Celaá o la pataleta, la subversión y la algarada callejera por sistema. Es evidente que las derechas españolas no saben perder. Lo que les duele, más que la ley Wert sea derogada y pase al basurero de la historia, es la derrota parlamentaria que no saben aceptar con deportividad. En democracia hay una regla de oro que los Casado, Abascal y otros aprendices del trumpismo yanqui se han propuesto enterrar para desgracia nuestra: las leyes las hacen los gobiernos que tienen las mayorías; a la oposición le toca ser constructiva, no organizar un levantamiento nacional cada vez que pasa por las Cortes una reforma con la que no están de acuerdo. Con esta manifestación de ricos (legítima por supuesto, pero injustificada y extemporánea) los trifachitos demuestran, una vez más, su gran déficit democrático, ya que en un Estado de derecho los reveses políticos se asumen y se espera una nueva oportunidad en las siguientes elecciones. Las derechas españolas ya no quieren urnas, prefieren saltarse ese engorroso trámite y cuando no ganan en el Parlamento se rompe la baraja o se monta una revuelta callejera o se manda al Gobierno directamente a “tomar por culo”, como dice ese diputado de Vox-Andalucía.   

De momento, Casado ya ha dicho que no irá a la manifestación con su vehículo, tal como anuncia la plataforma convocante, sino que se quedará en una de las mesas petitorias recogiendo firmas contra la ley Celaá. Hay miedo a la pandemia y por lo visto el nuevo Cánovas del Castillo de la derecha española, que siempre juega sobre seguro, es de esos generales que envían a sus huestes a la batalla mientras él espera tranquilamente en la retaguardia sin pillar el virus. Todo está dispuesto para el golpe del domingo. El líder popular moverá sus divisiones de la privada/concertada en Madrid; al mismo tiempo su secretario general, Teodoro García Egea, cubrirá el frente murciano; y la portavoz del Grupo Popular en el Congreso, Cuca Gamarra, se encargará de la línea Logroño. El PP espera que toda España sea un clamor de patriotismo y un gran grito contra una ley que considera bolchevique. A los populares todo les huele ya a comunismo y cualquier día, con el pretexto de salvar el país de los rojos, Casado ocupa La Moncloa ilegalmente y se autoproclama presidente, como hacen Trump, Guaidó y otros profetas del nuevo golpismo blando del siglo XXI. 

La manifestación dominguera será solo el pistoletazo de salida de otra dura ofensiva reaccionaria. Habrá mociones en los parlamentos autonómicos y ayuntamientos, recursos judiciales, quejas en Bruselas. El Consejo de Europa ya ha dicho que está “siguiendo de cerca” la ley Celaá por si la eliminación del castellano como lengua vehicular en las escuelas vulnera derechos fundamentales. Nos quedan por delante meses de matraca, propaganda y discurso machacón contra una ley que ha sido tramitada con todos los pronunciamientos legales favorables. Dicho lo cual, cabe preguntarse, ¿en qué universidad habrá aprendido Casado las reglas del normal juego democrático?

Viñeta: Igepzio

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