lunes, 28 de octubre de 2019

EL SHOW DE MOTOS

(Publicado en Diario16 el 11 de octubre de 2019)

Produce cierta incredulidad (y estupor) comprobar la amabilidad con la que los fascistas que pretenden destruir nuestro Estado de Derecho suelen ser tratados por las instituciones democráticas, por la Administración de Justicia y por la prensa del establishment en general. Así, hasta ahora los tribunales han tratado a los herederos de Franco, en su pleito por las exhumaciones del Valle de los Caídos, con un respeto y una pulcritud tan exquisitas que por momentos daba la sensación de que los nietos y bisnietos del dictador eran pobres desahuciados contra los que se había cometido la más cruel de las injusticias.
En realidad la orden de exhumar al general de su nauseabundo y megalómano mausoleo provenía del Parlamento español, legítimo depositario de la soberanía nacional, y no hacía falta ningún trámite ni papel más para ejecutar la medida. Hubiese bastado con que un grupo de obreros se hubiesen presentado en la Basílica, hubiesen levantado la fosa ante la histeria del prior Cantera y se hubiesen llevado el féretro al cementerio de Mingorrubio. Se acabó la historia. Punto pelota.
Sin embargo, durante todo este tiempo la familia Franco ha estado jugando con el Estado al gato y al ratón (más bien mareando la perdiz) con una batería de recursos y contrarrecursos absurdos e indignos que no ha hecho más que dilatar el procedimiento y caldear el ambiente, añadiendo más crispación y polémica a un hecho histórico, el de la exhumación, que a fecha de hoy aún no sabemos cuándo va a producirse y cómo va a terminar.
Llama la atención que en todo este asunto los tres poderes del Estado –Legislativo, Ejecutivo y Judicial– se hayan manejado con un miedo casi reverencial ante la sombra del dictador, como si cuarenta años de democracia no hubiesen bastado para romper con el yugo (y las flechas) del tirano. España ha sido excesivamente tolerante (por momentos hasta caer en cierto grado de humillación) con los caprichos y trucos judiciales de una familia que no es sino un clan de aristócratas que ha hecho dinero gracias a las herencias del abuelo y a su sangrienta y terrible dictadura. No entraremos aquí a valorar la sonrojante actitud del juez Yusty Bastarreche, el magistrado que detesta la Ley de Memoria Histórica y que ha aplicado su ideología preconstitucional, sus fobias antidemocráticas y sus alergias personales al asunto de la exhumación para echar una mano a los Franco. Ni siquiera se le ha dado un toque de atención por parte del Consejo General del Poder Judicial, máximo órgano encargado de poner orden entre los jueces, para que dejara de bloquear el expediente de exhumación con las excusas más peregrinas, como esa supuesta licencia de obra para intervenir en la cripta de Franco que nunca fue necesaria, según la histórica sentencia del Tribunal Supremo.
Tampoco el Gobierno socialista ha ido demasiado sobrado de confianza en sí mismo ni libre de complejos ancestrales, ya que cada paso que daba lo consultaba con el sumo sanedrín judicial, como si un Consejo de Ministros no tuviera la legitimidad y fortaleza moral suficiente para sacar al dictador de su fastuoso monumento.
Pero si sorprendente ha sido la timorata respuesta de los tres poderes del Estado español ante la ofensiva franquista, más sorpresa aún produce ver cómo ciertos medios de comunicación maquillan y banalizan el peligroso populismo neofascista que se ha colado en nuestro sistema dejando un hedor insoportable. Anoche mismo tuvimos una buena prueba de ello en el programa El Hormiguero de Pablo Motos, al que fue invitado un personaje de difícil digestión, otro fiel representante del Antiguo Régimen como Santiago Abascal tratado como un demócrata más. La cuestión no es si un periodista debe entrevistar a un personaje político, aunque mantenga opiniones de dudosa homologación democrática. Por supuesto que debe hacerlo y hasta acorralarlo con preguntas incómodas. Pero otra cosa muy diferente es, en un alarde de maquillaje televisivo, tratar de presentarlo como cercano, inofensivo, afable, entrañable y hasta amistoso.
Como es habitual en las entrevistas domésticas de Motos, y ante las dos simpáticas hormiguitas que hacen las veces de mascotas del programa, Abascal se relajó, mostró su lado más íntimo, humano y personal, como suele decirse en estas situaciones. Hasta que se acabó la broma y empezó a soltar una buena dosis de su bilis neofranquista no debidamente tratada. El líder de Vox se permitió bromear con Motos y hasta hacerse el gracioso (no le salió bien, todo ultraderechista suele sentirse más cómodo en la soflama patriotera que en el humor). “Venía preocupado por ti, por lo que van a brearte a partir de ahora; te he traído antiflamatorios”, le dijo al presentador haciéndole entrega de una tableta de pastillas. También le obsequió con una botella de aceite –“te puede venir bien para los golpes”−, con el objetivo de sacar el máximo provecho populista de la manifestación de olivareros de Madrid.
Pudiera decirse que Motos se esforzó por sacar el perfil amable e interesante del personaje; el problema es que a cada momento, como no podía ser de otra manera, salía el peligroso reaccionario que Abascal lleva dentro para lanzar un zarpazo. Es lo normal cuando se juega con un tigre como si fuera un dulce gatito. Así, cuando entrevistador y entrevistado dejaron las bromas a un lado y empezaron a entrar en materia −aborto, eutanasia, inmigración, Orgullo Gay o exhumación de Franco−, se vio que la cosa no iba a ser de una gran profundidad intelectual sino que daría para cuatro topicazos fachas y poco más. “La única vez que he pegado a alguien fue por una declaración terrible contra los homosexuales”, dijo intentando quitarse de encima el cartel de homófobo que se ha ganado a pulso. Y finalmente, como no podía ser de otra manera, el machista acabó aflorando: “Creo que no se debe acabar con la vida que se lleva dentro. Hay muchas mujeres que dicen que su cuerpo es suyo, pero lo que llevan dentro no es su cuerpo”, sentenció. Es decir, la teoría nacionalcatolicista de que la mujer está para parir y hacer la santa voluntad de Dios. Por cierto, la pistola que supuestamente llevaba en la sobaquera ahora se la deja en casa. Será porque lo exige el giro al centro que la derechona siempre da antes de unas elecciones. Y por no asustar.
Evidentemente, el programa ha incendiado las redes sociales y Motos ha tenido que dar explicaciones: “Como nosotros no nos casamos con nadie, queremos poner a prueba la fortaleza de las ideas”. Llegados a ese punto la pregunta es si un puñado de puntos más en los índices de audiencia justificaban invitar a alguien que defiende ideas retrógradas más propias de la Edad Media y la Inquisición que de una sociedad civilizada. Por ese camino, el siguiente en la lista de entrevistados será el prior Cantera. Ya lo estamos viendo ensotanado y con esa pálida e inquietante sonrisa resabiada cantando alegremente el Cara al Sol a las cuerdas de su guitarra de coro catequista. Con Trancas y Barrancas haciendo palmas. Todo muy jocoso y divertido.

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