miércoles, 2 de octubre de 2019

VOX Y EL SUPREMO


(Publicado en Diario16 el 25 de septiembre de 2019)

Aquellos que todavía creen que Vox es un partido constitucionalista habrán podido comprobar en las últimas horas que nada detendrá al partido de Abascal en su intento de imponer una idea de España uniforme y trasnochada. Ni siquiera el Tribunal Supremo. El presidente del partido ultra ha asegurado tajantemente que se mantendrá firme en su rechazo a la exhumación de los restos de Franco del Valle de los Caídos y que “le da igual” que sea legal o no, porque en su opinión supone “profanar” una tumba en contra del criterio de una familia.
Un rasgo característico de los partidos autoritarios y nostálgicos de regímenes anteriores es tratar de imponer una ideología imperante incluso a costa de pisotear las instituciones y magistraturas democráticas. En el imaginario ultra nada puede estar por encima del partido único, ni la ley, ni la Constitución ni el tribunal de mayor rango del Estado. Vox no cree en el Estado de Derecho, donde el imperio de la ley rige y brilla como un dogma sagrado. Pero todavía hay quien, en un sarcasmo intolerable, trata de convencernos de que el verde ultraderechista es perfectamente constitucional. Un partido que exalta valores como la patria o la raza para mantener permanentemente movilizadas a las masas, que criminaliza a las minorías (mayormente inmigrantes africanos negros y musulmanes), que declara la guerra permanente al feminismo, a los homosexuales y al rojo masón y que hace ostentación de una fuerte pasión por las armas y el militarismo colonial no podría más que ser considerado como un movimiento pseudofascista, en este caso en su variante ibérico/franquista.
Por eso provoca sonrojo que alguien como Pablo Casado o Albert Rivera intenten maquillar a Vox para hacerlo pasar por lo que no es. Abascal es un lobo con piel de cordero. En sus rondas de contacto con el rey trata de aparecer como un hombre templado y respetuoso con la monarquía parlamentaria y con el sistema de libertades, pero en realidad por dentro va el hombre que justifica el alzamiento nacional, el político que sueña con el partido único, el fan a ultranza de la obra y la vida del general Franco, auténtico faro y guía espiritual que ilumina cada uno de sus pasos en política. A Abascal lo que le pone es el caudillismo, no esa basura de sistema liberal burgués basado en la separación de poderes, la libertad de pensamiento y de culto, el pluralismo político y la libertad de prensa. De hecho, si por él fuera, mañana mismo quedaban abolidas las autonomías que pretenden romper España, la Constitución hecha por un hatajo de rojos, las tediosas elecciones de cada cuatro años (ahora anuales y siempre tan caras) y hasta la monarquía misma (aunque no se lo confieses a Felipe VI y aparezca ante él como el más sumiso de los vasallos). Ayer, a propósito de la histórica decisión del Supremo de exhumar los restos de Franco, al líder de Vox solo se le ocurrió decir en Twitter: “Empieza la campaña socialista: profanar tumbas, desenterrar odios, cuestionar la legitimidad de la monarquía”. Lo malo es que, muy a pesar de Abascal, ya no estamos en el 36, la gente se ha formado en lo intelectual y resulta difícil manipular a las masas para arrastrarlas a las trincheras en defensa de la santa cruzada nacional. Aunque a veces parezca lo contrario, España ya no es aquel país lleno de borregos analfabetos, braceros pobres de solemnidad, curas y militares, ni aquel lugar atrasado donde comenzaba el continente africano, según decían los gabachos.
Por fortuna tenemos la ley democrática, último bastión entre la civilización y la barbarie totalitaria que defiende Vox. Los jueces han hablado y han avalado de forma unánime y por razones de “interés general” la decisión del Gobierno de Pedro Sánchez de sacar los restos del dictador de su actual tumba para su inhumación en el cementerio de El Pardo-Mingorrubio. Punto pelota, por mucho que le pese a Santi y a su Smith & Wesson.
“Solo Vox se opondrá frontalmente, porque solo Vox tiene el valor para defender la libertad y el sentido común frente al totalitarismo y los trucos de propaganda electoral”, ha proseguido con su inútil perorata tuitera. “Miramos al futuro. Porque amamos a España y deseamos la convivencia entre los españoles”. Su discurso simplón y decimonónico sería como partirse el pecho a carcajada limpia, aunque bien mirado da más pena que risa que haya gente que todavía se trague su gallofa y razone como en la edad de las cavernas. Lo bueno es que las encuestas del 10N ya le dan a la baja. Y es que todo salvapatrias o vendedor de crecepelos, con su verborrea atorrante y machacona escasa de ideas, termina agotándose en sí misma. Y agotando al personal.

Viñeta: El Koko Parrilla

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