viernes, 19 de noviembre de 2021

¿POR QUÉ SON FACHAS?

(Publicado en Diario16 el 9 de noviembre de 2021)

Todavía resuena en las redes sociales el supuesto zasca que la adusta Macarena Olona (Molona la llaman los que la idolatran entre sus huestes) le dio a una periodista en el programa de Xabier Fortes. La tertuliana Elsa García de Blas se atrevió a decir que Vox era una formación de extrema derecha y la diputada ultra se revolvió haciéndose la ofendidita y exigiéndole que explicara por qué considera que su partido es neofascista. Elsa García se lo quiso aclarar con elegancia y educación, como corresponde a una mujer que ejerce el periodismo clásico del bueno, pero esta gente trumpista de Vox no entiende de buenas palabras sino de fango, barro y pendencia tabernaria. Así que aquí estamos nosotros, que nos va la marcha, para aclarar por qué el partido verde es ultra (sí, ultra, con todas las letras, por mucho que le duela a doña Macarena).

Para empezar, nos encontramos con un proyecto político basado en el partido único (toda disidencia es enemiga de la patria) y en el caudillaje, el personalismo y el culto al líder. Ese rasgo es, ya de por sí, una cualidad esencial de todo partido sectario, elitista y facha, ya que se asfixia cualquier posibilidad de democracia, de pluralidad, de crítica política interna y de corriente de opinión alternativa. El jefe es Santi y nadie más que Santi, y lo que dice Santi va a misa como cuando Franco entraba bajo palio en las iglesias. Es evidente que al militante/elector de Vox le va el rollo Führer, es decir, un hombre fuerte tomando las riendas del poder y el resto del pueblo acatando y mamando sus decisiones, tal como ocurría en tiempos feudales (estos de Vox son muy de imperios antiguos y la Ilustración con sus principios de liberté, égalité, fraternité les tira para atrás).

No es que sean antidemocráticos, que lo son, sino que son medievalistas, de ahí que estén obsesionados con el cortijo terrateniente (gran metáfora del castillo y la propiedad privada), con la caza como demostración del poder omnímodo del hombre sobre la naturaleza y la jerarquía social férreamente dividida en castas con señoritos en la cúspide de la pirámide y siervos o esclavos mordiendo el polvo por abajo. En realidad, cuando despotrican del comunismo lo que hacen es ir contra cualquier revolución que pueda atentar contra sus privilegios ancestrales y con su idea de España anclada en la mística de Don Pelayo, la Reconquista y la vuelta al pasado imperial (recuérdese que entienden la conquista de América no como una sangrienta guerra de ocupación y aniquilamiento de tribus precolombinas, sino como un amistoso encuentro entre hermanos). En ese punto habría que decir que ellos se manifiestan profundamente constitucionales y monárquicos, pero en realidad el rey les da bastante igual y en cuanto a la Carta Magna sueñan con cambiarla algún día por la Ley de Principios del Movimiento Nacional, que es la que les gusta. También dijeron en el 36 que daban el golpe de Estado para acabar con los desórdenes de la Segunda República y restaurar a los borbones y miren ustedes cómo acabó la cosa: con cuarenta años de dictadura militar y la fundación de una nueva dinastía a la gallega.

Pero hay más, muchos más indicios que nos permiten concluir que en Vox están los nostálgicos de siempre. En primer lugar, la alergia grave que sienten a cualquier tipo de condena del franquismo, que fue nuestro nazismo patrio. Cuando aquel día de infausto recuerdo Abascal subió a la tribuna de oradores de las Cortes para soltar que el Gobierno Sánchez es el peor en ochenta años de historia, no cometió ningún lapsus o error, sino que sabía lo que estaba diciendo y quería decir precisamente eso y no otra cosa. Aquella sentencia lapidaria fue la declaración política de lo que es el líder de este grupo político: un franquista hasta las cachas. A fecha de hoy no hemos escuchado todavía a ningún seguidor de Vox condenando el régimen de Franco, es más, alaban y elogian aquella época oscura de la historia de España que a ellos les parece un oasis de paz, orden, prosperidad y motivo de orgullo para todos los españoles. Y cuando sale a la luz algún chat de militares golpistas, como aquel donde se hablaba de fusilar a 26 millones de rojos, lo defienden y definen a sus promotores en la sombra como héroes nacionales y como “nuestra gente”. ¿Cómo se llama a eso, socialismo democrático, bolchevismo, anarquismo libertario? Fascismo de pedigrí. Son militaristas y nostálgicos y, lo que es aún peor, son revisionistas, ya que no dudan en falsear la historia para adaptarla a sus abominables y espurios intereses políticos.

Pero si entramos en las políticas concretas no podremos sino concluir que Vox es lo que es: un partido votado por fascistas que ven en el proyecto nacionalista español la gran esperanza para darle un vuelco, desde dentro, a esta democracia que no les gusta porque fue fruto de lo que ellos llaman, con desprecio, el “consenso progre” (es decir, el acuerdo entre derechas e izquierdas para fundar un régimen de libertades). Lo que opinan sobre la inmigración lo sabemos todos, como también sabemos en qué consiste la política de extranjería del bueno de Santi: persecución de niños inmigrantes, caña al mantero y patada en el culo a todo aquel que no tenga papeles. Nada de integración o derechos humanos, “guerra cultural” y a otra cosa. Autarquía y vuelta a la España de la raza pura y única. Si esa xenofobia no es un rasgo típico de los movimientos de extrema derecha que baje Dios y lo vea. Es cierto que llevan a negros como candidatos en sus listas electorales (más bien negro habría que decir, ya que solo han colocado a uno en puestos importantes), pero todo el mundo en este país sabe que lo hacen para disimular.

En cuanto al patriarcado que predican, qué podemos decir. Son machirulos y se jactan de ello. Vox defiende la familia tradicional, decente y católica de toda la vida, una unidad familiar donde no existe la violencia machista sencillamente porque creen que pegarle a la santa es algo que se ha hecho toda la vida y qué le vamos a hacer si el mundo es así. De esta manera se atraen el voto del maltratador indignado, que los hay a porrillo y forman un importante lobby que rinde mucho voto en las urnas. Estos años hemos asistido a cientos de declaraciones de miembros de Vox tachando de “feminazis” y “brujas” (otra vez el tic inquisitorial) a las mujeres que luchan por la igualdad de derechos. En cuanto a las otras sexualidades, las diferentes a la heterosexual que ellos dicen practicar, no dudan en arriar la bandera multicolor de los ayuntamientos a las primeras de cambio, seguramente porque entienden que gais, lesbianas y transexuales son anormalidades, especies raras, aberraciones clínicas que se salen de la ortodoxia del obispo nacionalcatolicista Reig Pla y que conviene barrer y esconder en la Casa de Campo, de ahí que luchen por la abolición del Día del Orgullo. Por todo eso y unas cuantas cosas más como el pin parental en las escuelas para que los niños no se contaminen de ideología LGTBI quedan como unos homófobos de manual. Y el caso es que Franco, su líder político y espiritual, tenía plumón para aburrir. A fin de cuentas, detrás de un autoritario suele haber un reprimido sexual.

Por tanto, que se deje la señora Olona de estúpidas mascaradas. Son lo que son y punto. Lo absurdo no es que sean fachas, sino que renieguen de sus raíces a estas alturas. Pretendían ir de nazis feroces y van camino de ultraderechita cobarde. Ridículos, más que ridículos.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

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