jueves, 28 de mayo de 2020

LA MARQUESONA

(Publicado en Diario16 el 28 de mayo de 2020)

En el currículum de Cayetana Álvarez de Toledo y Peralta-Ramos, marquesa de Casa Fuerte, consta que se licenció en Oxford. Sin embargo, pese a haber frecuentado los mejores colegios británicos, sus modales políticos y personales no siempre están a la altura de su costosa educación y son más propios del polígono y la taberna que de su elevada alcurnia. Quizá sea porque durante un tiempo Álvarez de Toledo fue tertuliana de la Cope y juntarse con curillas y obispos con mala baba, además del papa Federico (o sea Jiménez Losantos), imprime carácter y deja huella psicológica. O quizá simplemente sea porque los nobles son así y tienen ese puntito repipi, altanero y arrogante que les viene de cuna. Los marqueses, desde bien pequeños, peinan peluca rococó con lunar en la mejilla y son unos estirados que no comparten con otros niños su caviar ni sus moscas con las alas arrancadas.
El caso es que de alguna manera, bien por influencia del contexto social represor de la estricta educación anglosajona o por una mera cuestión freudiana, la señora se ve que ha forjado una personalidad difícil, turbulenta, sanguínea. Ayer, durante su intervención como portavoz del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso de los Diputados, tuvo un absceso de su mal, le subió la fiebre (Cayetana es intolerante no a la lactosa sino a la tolerancia misma) y volvió a pasarse de rosca. “Se lo voy a decir una primera y última vez: Usted es el hijo de un terrorista. Esa es la aristocracia a la que pertenece usted”, reprendió a Pablo Iglesias por los pactos del Gobierno con EH Bildu. Mentarle la madre al adversario o meterse con su padre es una práctica de futbolista argentino marrullero y tuercebotas, cosas de mal político que se queda sin argumentos y sin razones. Pero por lo visto en Oxford, cuna del parlamentarismo europeo, ya no se enseña el fair play, ni las buenas formas del debate, ni el abecedario de la democracia. Esa clase se la saltó la señora marquesa, quizá porque ese día tenía un acto benéfico para los negritos de la Commonwealth, que las marquesonas son muy de dar limosnas a los pobres.
No es la primera vez que Cayetana pierde los papeles en el hemiciclo. De cuando en cuando se le dispara la bilirrubina del odio, le entra el sudor frío del rencor y le aflora el espasmo de otro marqués, el de Sade, que también se lo pasaba bien haciendo sufrir al prójimo. La portavoz popular es aficionada al sadismo político, disfruta con el dolor y la humillación del rival, y cuando muerde cacho, cuando pilla presa, ya no la suelta hasta destrozarla como haría una tiburona hambrienta. Sin embargo, ayer la directora del Área Internacional de la FAES (el laboratorio de diarreas mentales del nuevo PP “trumpista”) atravesó una peligrosa frontera ética y moral.
En el PP hace tiempo que muchos están hartos de Cayetana. No tanto por su lengua de látigo y su retórica de cuero y látex (a fin de cuentas Pablo Casado la puso ahí precisamente para eso, para ser más dura y más facha que Santiago Abascal) sino porque ella va a su aire, no cuenta con nadie y sigue sus propias decisiones, tácticas y estrategias. Cayetana es Cayetana y no necesita ir a las aburridas reuniones de la Ejecutiva nacional de Génova 13 en las que se pone a punto la tenebrosa máquina del fango y se engrasan los dosieres explosivos de las cloacas del Estado para hundir al ministro Marlaska. Ella es la estrellita argentina, la piba del PP, la Messi que trota libremente por la cancha de la política española, y eso no gusta a algunos barones y compañeros, que la ven con recelo porque es indomable, ingobernable, una aristócrata anarquista que suelta la bomba donde menos te lo esperas.
Sacar a pasear la biografía del padre de Iglesias en el FRAP ha sido una sucia jugarreta, lo peor que se ha escuchado en las Cortes Españolas en muchos años, y no debe haber ha gustado en ciertas baronías como la gallega, donde el siempre aspirante Núñez Feijóo sueña con un PP sensato, de centro-derecha liberal, clásico y a la europea.
Pero es que además, tal como dijo Diógenes el cínico, el insulto deshonra a quien lo infiere, no a quien lo recibe. El FRAP fue una organización armada que luchó por la democracia y contra la dictadura fascista. Cayetana Álvarez −que se jacta de que su padre, el XII marqués de Casa Fuerte, combatió con la Resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial− debería saber mejor que nadie que hay causas legítimas por las que merece la pena luchar y morir. Y no hablamos aquí de las caceroladas friquis que montan cada tarde sus amigos ricos del barrio de Salamanca, sino de las batallas justas, auténticas, la guerra eterna de la democracia contra la tiranía y la opresión totalitaria. Es cierto que en 1973 el FRAP se consideraba una organización terrorista, pero esa etiqueta la colocaba Franco, cuyas manos no estaban limpias de crímenes de Estado precisamente. Con eso está dicho todo. El Frente Revolucionario Antifascista y Patriota se disolvió por orden del PCE en el año 1978, cuando perdió toda su razón de ser. Ojalá nunca más vuelva a haber grupos violentos como el FRAP o el Batallán Vasco Español (la violencia del otro bando que la derecha nunca condena). Eso querrá decir que seguimos viviendo en paz y en libertad. Por desgracia, ni la señora marquesa ni sus socios de Vox, tan beligerantes y concienciados con el terrorismo de extrema izquierda, han condenado todavía el terrorismo de Estado franquista, que fue el peor de todos. Cosas de la alta nobleza.

1 comentario:

  1. Una matización: En realidad el FRAP era el brazo armado del PCE marxista-leninista o PCE (m-l). El PCE no pudo ordenar su disolución, como si hizo en los años 50 con las guerrillas antifranquistas.

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