miércoles, 13 de mayo de 2020

QUE PAGUEN LOS RICOS


(Publicado en Diario16 el 30 de abril de 2020)

Izquierda Unida está elaborando su propia propuesta de reconstrucción del país para cuando pase la pandemia y entremos en eso que, eufemísticamente, se ha dado en llamar “la nueva normalidad”. Indudablemente, detrás del documento se percibe la mano del ministro de Consumo, Alberto Garzón, que ha decidido aportar sus propias ideas al margen de su actividad institucional en el Gobierno de coalición. El gabinete de Pedro Sánchez es un gran híbrido que agrupa un amplio espectro de la izquierda española, cada partido con sus propias ideas y forma de entender la política, la economía y el mundo. Será un milagro que sobreviva a la pandemia, a la operación de acoso y derribo orquestada por la extrema derecha española y al cataclismo económico que se avecina y que según todas las previsiones provocará la peor crisis social y humanitaria de los últimos cien años en nuestro país.
Pero pese a que IU posee una pequeña cuota de poder en el Gobierno, el idealista Garzón −que no renuncia a la coherencia y a sus principios−, sigue haciendo política, que para eso le pagan, y ha impulsado el documento en el que advierte de que la crisis del coronavirus va a “acelerar el proceso de reestructuración del capitalismo a escala global” y pondrá “de manifiesto la caducidad del modelo de país construido en las últimas cuatro décadas”. El ministro hace un análisis radiográfico de la situación, indagando en las causas de la crisis, que no solo es sanitaria sino mucho más profunda, ya que afecta a la forma de Gobierno del Estado (monarquía o república), al modelo territorial siempre por definir y a la cohesión social, que ha llevado a España a la cabeza de los estados occidentales con una mayor tasa de desigualdad entre ricos y pobres.
En su plan de reconstrucción, bautizado como Horizonte país y que IU tiene previsto trasladar a Unidas Podemos para consensuarlo como hoja de ruta común, Garzón baja de la utopía y entra de lleno en lo que va a ser el “mundo poscovid”. Las sociedades de consumo, tal como las conocíamos, se transformarán y será inevitable recuperar el maltrecho Estado de Bienestar. Los gobiernos se verán obligados a gastar monstruosas cantidades de dinero para atender a la famélica legión que saldrá de la pandemia y a la que veremos desfilar en largas colas ante los bancos de alimentos y las casas de beneficencia como Cáritas. Dejar desamparadas a millones de personas solo contribuiría a crear el caldo de cultivo perfecto para que la extrema derecha de Vox siga ganando adeptos y llegue definitivamente al poder.
Pero mantener un Estado de Bienestar cuesta dinero, mucho dinero, probablemente a fondo perdido. ¿De dónde saldrán los ingresos para sufragar las ayudas, las prestaciones, las subvenciones, las pensiones y la dependencia? Según Garzón, habrá que crear nuevas figuras tributarias, como un impuesto de solidaridad temporal a las grandes rentas y patrimonios, así como “romper el marco legal que apuntala las políticas de austeridad”. La ambiciosa reforma fiscal que propone IU contempla amplias reestructuraciones en el modelo de tributación cuyo objetivo final es elaborar y defender −también dentro del Gobierno de coalición−, una propuesta alternativa que vaya “más allá de un Plan Marshall pergeñado por las élites” que, según la formación de Garzón, “únicamente pretenden poner un paréntesis temporal al neoliberalismo”. El ministro defiende la necesidad de renovar las reglas del mercado y “democratizar el metabolismo económico” para que la economía no se base “en la acumulación de plusvalía monetaria” y garantice la equidad social. También apuesta por la potenciación de lo común y los servicios públicos, la elaboración de un plan de reindustrialización, el diseño de un nuevo modelo energético que palíe los graves efectos del cambio climático y un nuevo marco de relaciones laborales que frene los abusos de la patronal.
Todo ello precisará, lógicamente, de avances en la UE “hacia una Europa de los pueblos, los derechos y la justicia social”, una nueva política monetaria, la creación de una “unión fiscal” con impuestos comunes dependientes de Bruselas, cooperación tributaria entre los países y un plan para la erradicación de los paraísos fiscales.
“El golpe seco que ha supuesto la emergencia sanitaria y el desplome económico que anticipa nos obliga a afrontar la profunda crisis civilizatoria ante la que nos hallamos y el desafío común de nuestro tiempo es ofrecer una respuesta democrática y justa que no se deje a nadie atrás, especialmente a quienes son más vulnerables”, asegura el documento. Por ello, IU cree necesario idear un nuevo modelo de país que transforme el actual Estado del Bienestar en lo que llaman “Estado de los Cuidados” y que definen como “un modelo basado en la economía social, feminista y ecológica centrado en el bien común y en la potenciación y blindaje de los servicios públicos y su correspondiente financiación”.
El diagnóstico está hecho y resulta irrefutable. O avanzamos hacia una sociedad con mejores hospitales, una eficaz red de asistencia social y más solidaridad en lo público, o la inestabilidad y el estallido social serán inevitables. El virólogo Garzón acierta cuando mira a través del microscopio el bicho maligno que anida en la democracia. Solo que entre él y sus planes de progreso está el mismo muro de siempre, la misma ideología plena de fanatismo clasista, elitismo y soflamas patrioteras que lleva siglos impidiendo la modernización y el avance de nuestro país.

Viñeta: Pedro Parilla El Koko

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