miércoles, 13 de mayo de 2020

LA REBOTICA DE TRUMP


(Publicado en Diario16 el 24 de abril de 2020)

Donald Trump, como cree saber de todo porque para eso es el mandamás de los Estados Unidos de América, se ha puesto la bata blanca de virólogo y va dando lecciones sobre cómo curar el coronavirus. Su último hallazgo (que aún no ha salido en el último número de la revista Science, aunque seguro que el presidente ya está moviendo sus hilos con el lobby judío científico) es que se puede tratar el bicho con “inyecciones de desinfectante” o “aplicando luz solar en el cuerpo humano”. Lo que no aclara es qué tipo de detergente podemos meterle a la jeringuilla, la dosis adecuada y si sirven la lejía Conejo y el jabón Heno de Pravia, que en España somos fabricantes, tenemos cantidades industriales y por ahí puede haber una salida para nuestras maltrechas y arruinadas exportaciones.
En lo de aplicar rayos ultravioleta al cuerpo, tal como recomienda el doctor Trump, lo tenemos mucho más fácil, ya que si algo nos sobra a los españoles es luz solar. De modo que podríamos convertir las playas de Torremolinos en un inmenso hospital de campaña para tratar a los enfermos y problema resuelto. Siempre clavándole al guiri por las cañas, desde luego. Hay que levantar el turismo. 
“Veo que el desinfectante lo noquea [al virus] en un minuto, en un minuto… ¿Hay alguna manera de que podamos hacer algo como una inyección dentro o casi una limpieza? Como pueden ver, llega a los pulmones, por lo que sería interesante comprobar eso”, insistió el líder del mundo libre y gran faro de Occidente dirigiéndose a Bill Bryan, director de la División de Tecnología y Ciencia del Departamento de Seguridad Nacional. En ese instante la cara del tal señor Bryan, que no es el de la famosa película de los Monty Python pero por momentos debió sentirse como en una comedia surrealista, era todo un poema. No daba crédito a lo que estaba escuchando, mientras el presidente, que probablemente no tiene ni la más remota idea de lo que es una célula o un gen, seguía hablando y transmitiendo el concepto de que el virus “muere rápido cuando está expuesto a la luz solar”. En un momento de la intervención, el inquilino de la Casa Blanca se pone muy serio y trascendente, se queda mirando fijamente al científico −ante la estupefacción de los periodistas−, y le pregunta con gravedad: “¿Se puede meter luz solar dentro del cuerpo para que venza al coronavirus? Supongamos que exponemos al cuerpo a una tremenda cantidad de luz, ya sea ultravioleta o solo luz muy potente. Creo que ha dicho usted que eso no se ha comprobado”, sugiere haciéndose el interesante.
Para entonces la comparecencia iba adquiriendo no solo tintes esperpénticos, sino dramáticos, y todo el mundo en la sala empezaba a sentir agudos ataques de vergüenza ajena necesitados de ingreso inmediato en UCI y respiración asistida, aunque ningún periodista se atrevió a rebatir al jefe del Estado (la amenaza de Guantánamo sigue estando muy vigente para la prensa libre y disidente norteamericana). De modo que Trump seguía a la suya: “Entonces yo digo, suponiendo que se pone la luz dentro del cuerpo, que se puede hacer a través de la piel de alguna otra manera… Creo que usted ha dicho que van a comprobar eso también…”
Al término de la rueda de prensa, digna de la mejor película de los Hermanos Marx, algunos expertos alertaron en los medios de comunicación ante el riesgo de poner en práctica las descabelladas recetas de Trump. “Esta noción de inyectar o ingerir cualquier tipo de producto de limpieza en el cuerpo es irresponsable y es peligrosa”, aseguró el neumólogo Vin Gupta en declaraciones a NBC News. “Es un método habitual para las personas que quieren matarse”, insistió escandalizado.
No es la primera vez que el presidente de Estados Unidos se descuelga con propuestas arriesgadas sobre tratamientos cuya eficacia no está demostrada para luchar contra el covid-19. De hecho, es un ferviente defensor de la cloroquina y otras sustancias que deben ser administradas con sumo cuidado, ya que entrañan sus riesgos, tal como ha ocurrido con dos médicos chinos que cuando despertaron del coma por coronavirus se habían convertido en negros a causa de una extraña pigmentación química. Suponemos que ese efecto secundario no lo desea el supremacista Trump, ya que la sola idea de transformar a los americanos rubios y anglos en gentes africanas de color debe revolverle la tripa.
Y llegados a este punto cabe preguntarse cuál será la próxima ocurrencia de este hombre para curar el mal de Wuhan. ¿Friegas de orujo y ajo en brazos y piernas? ¿Aceite de ricino? ¿Beber la propia orina como sugieren algunos homeópatas de Youtube? Cualquier cosa puede salir de la cabecita de un negacionista de la verdad y la ciencia como él (véase su cerrazón contra la evidencia del cambio climático); cualquier disparate puede provenir de alguien que se aferra al patriotismo como medicina y remedio curalotodo, a la superstición como terapia colectiva, y al mito y al bulo como manual clínico. Alguien debería quitarle cuanto antes el maletín nuclear.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

No hay comentarios:

Publicar un comentario