martes, 12 de mayo de 2020

PÓKER EN MONCLOA


(Publicado en Diario16 el 20 de abril de 2020)

Al final la reunión tuvo que ser por videoconferencia, no sabemos muy bien si para prevenir el contagio por coronavirus o porque Pedro Sánchez y Pablo Casado se detestan tanto que no pueden estar en la misma habitación sin que les salga sarpullido. El presidente del Gobierno insiste en sacar adelante sus nuevos Pactos de la Moncloa, una idea bienintencionada cuyo éxito se antoja más lejano que la vacuna contra el bicho. Ni la situación es la misma que en 1977 ni tenemos a los mismos estadistas de empaque de aquellos años.
Casado, por su parte, juega a la ambigüedad, al gato y al ratón, ahora quiero ahora no quiero. Un día se muestra proclive a la negociación; al siguiente se cierra en banda. Es lo que tiene estar todo el rato mirando de reojo cómo le van los sondeos al vecino Abascal. Al final uno no vive en paz y tranquilo y llega el insomnio. En cualquier caso, Casado no cree en los Pactos de la Moncloa, lo cual, tratándose de alguien que está apelando todo el rato al espíritu de la Transición no deja de sorprender. 
Lo que ha salido de este último contacto entre bambalinas es que el líder del Partido Popular estaría dispuesto a participar en algún tipo de gran acuerdo nacional para la reconstrucción del país siempre y cuando se cierre en el marco del Parlamento. Una comisión es lo que parece pedirle el cuerpo al presidente popular. También son ganas de ponerse tiquismiquis, legalista y exquisito en medio de la zozobra nacional. ¿Acaso van a notar la diferencia de escenario los millones de españoles hartos de estar confinados y temerosos del contagio? El país se encamina a la peor recesión desde el crack de 1929 y no parece probable que muchos ciudadanos estén preocupados por si el pacto va a celebrarse en Moncloa, en las Cortes Generales, en el Senado o en el mesón de la Carrera de San Jerónimo, que seguramente estará cerrado por epidemia, lo cual es una gran tragedia nacional. Este es un país de bares y un español puede vivir con un Parlamento clausurado pero no sin una barra donde apoyar el codo y una caña fría para ahogar los pesares de la maldición que le ha caído en desgracia con nuestra clase política.
Pese a las exigencias de Casado, Sánchez ha aceptado finalmente el formato parlamentario, de modo que la “mesa de reconstrucción” nacional sigue adelante. Podría decirse que ambos líderes han renunciado a algo. El presidente del Gobierno a reeditar aquellos viejos pactos suaristas con los que esperaba recuperar, un tanto ingenuamente, el espíritu de consenso y la concordia. Por su parte, el líder conservador acepta negociar, aunque en terreno neutral. Por ahí, por ese acuerdo de mínimos, como dicen los sesudos politólogos, la partida de ajedrez sigue viva. Qué menos que eso. No era lógico ni civilizado que Gobierno y oposición andaran a la gresca constante en medio del cementerio en el que se ha convertido España. Era como declarar una guerra dentro de otra, un incendio sobre otro. Y nuestra imagen como sociedad ante Europa y ante el mundo entero quedaba a la altura de una tribu neolítica.
El contacto entre ambos mandatarios ha sido un primer paso, pero no debemos engañarnos. Un acuerdo sobre el tapete donde se va a jugar no significa que haya póker. Las posiciones están muy encontradas y Casado es consciente del desgaste del Gobierno y de que el PP crece en las encuestas. Levantar un país no es razón suficiente para hundir un partido, tal como debe pensar el líder popular. Y mucho menos ahora que parece que Vox se desinfla en los sondeos de los periódicos de la caverna.
Lo que sale de la “Cumbre de la videoconferencia” es un simple calendario gregoriano: empezar a dialogar mañana mismo y tratar de lograr un acuerdo en dos o tres meses. De esa manera, el pacto nacional estaría listo en verano, pero nunca antes del mes de julio. En esa mesa se hablará de todo, desde las medidas para afrontar la crisis económica hasta cómo apuntalar la maltrecha Sanidad y plantear un frente común ante Bruselas, que es a fin de cuentas la que debe emitir los ansiados coronabonos y el billón de euros del plan Marshall. Todo parece indicar que en esa mesa estarán las demás formaciones políticas, a excepción de Vox y la CUP, que se han autoexcluido por pura arrogancia. Algunas fuentes periodísticas apuntan a que el PSOE podría tener hasta 7 diputados en la comisión; PP, 6; Vox (aún sigue invitado), 5; Unidas Podemos, 4; ERC, 3; JxaCat y PNV, 2.
Ahora toca formar los grupos de trabajo, mover el papeleo, los sempiternos borradores, los informes previos, la lenta y tediosa maquinaria de la política. Los tiempos del poder nunca coinciden con los del pueblo llano. De ahí que la pregunta del millón sea: ¿puede un país devastado por una epidemia esperar tres meses hasta que sus gobernantes se pongan de acuerdo? El hambre no entiende de políticas. Y la muerte sigue segando vidas.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

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