jueves, 14 de mayo de 2020

MACARRISMO SANITARIO


(Publicado en Diario16 el 8 de mayo de 2020)

Madrid es, de largo, la comunidad autónoma que peor está gestionando la epidemia de coronavirus. Un tercio de la mortalidad del país, de los contagiados y de los ancianos muertos en hogares de la tercera edad se ha registrado en la región madrileña. Las unidades de cuidados intensivos de los hospitales siguen a fecha de hoy colapsadas, los médicos advierten de que pasar a una nueva fase de la “desescalada” es poco menos que suicida y para colmo de males el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso ha saltado por los aires tras producirse agrias desavenencias entre PP, Ciudadanos y Vox cuyo episodio final ha sido la súbita dimisión de Yolanda Fuentes, directora de Salud Pública, quien en medio del sindiós sanitario se resistía a acatar la orden de dar el paso hacia la siguiente fase de la “desescalada” porque Madrid no reunía las condiciones de seguridad, lo que aumentaba exponencialmente el riesgo de rebrote de la epidemia. Mientras tanto, todos los informes internacionales, también los de la OMS, sitúan a la capital de España como una de las tres ciudades del mundo, junto a la italiana Bérgamo y Nueva York, donde peor se está controlando la enfermedad.
Todo en el Gobierno regional es un dislate, un sainete cuando no un desastre. El Ejecutivo de Díaz Ayuso se mueve entre el esperpento y la incompetencia, entre el drama y el escándalo. El expediente clínico firmado por Ayuso en esta inmensa tragedia nacional es sencillamente impresentable. Ha perdido aviones con material sanitario, ha rubricado declaraciones surrealistas −como aquella denuncia de que “hasta la última goma del pelo viene de China”−, y su idea más brillante para rescatar del hambre a los niños pobres madrileños ha sido inflarlos a pizzas y negarles plátanos de Canarias. La defensa cerrada que ha hecho de su catering insalubre –los menores confinados están “jartos de los menús de Venezuela”− fue frívola en el contenido y grotesca en las formas. Todo ello por no hablar de la fiesta “rave” que organizó para celebrar el cierre del hospital de Ifema, un acto multitudinario propagandístico con el que trató de colgarse la medalla de una supuesta victoria contra el coronavirus que lamentablemente está muy lejos de conseguirse. Solo le faltó contratar a un pinchadiscos y llenar el lugar de rayos láser y barra libre.
La gestión de Ayuso ha transitado entre el puro espectáculo, el electoralismo barato y la incompetencia, pese a que ella no ha parado de arremeter contra el Gobierno de Pedro Sánchez por sus supuestas negligencias y por recortar las libertades de los españoles durante el confinamiento.
Pero conviene no olvidar que el máximo responsable de este desaguisado ha sido Pablo Casado por haber depositado la confianza en alguien tan poco preparada y capaz como Ayuso, una mujer cuya mayor experiencia política era haber gestionado la cuenta de Pecas, el perro de su antecesora en el cargo, Esperanza Aguirre. Ayuso es una creación de Casado, un pequeño diablillo “trumpista” colocado por el líder del PP para hacer mucha propaganda y poca política de verdad para los ciudadanos. El presidente popular está demostrando en esta crisis que su principal prioridad no es sacar al país de la epidemia sino sacar a Sánchez de la Moncloa. Se ha equivocado de agente patógeno y su “no” a la prórroga del estado de alarma demuestra cuáles son sus intenciones reales: que España vuelva cuanto antes a la actividad económica −en contra de todos los informes médicos y de la OMS que aconsejan máxima prudencia−, solo para dar satisfacción a la patronal, a la banca y al Íbex35. Hoy mismo Ayuso ha reconocido que decidió pedir el pase de Madrid a la Fase 1 de “desescalada” tras sus reuniones y contactos con los empresarios de Madrid, que exigen una vuelta a la nueva normalidad cuanto antes para reactivar sus negocios. Lo cual es tanto como reconocer que ha habido presiones y que la presidenta ha podido sucumbir a ellas. Ahora se explica por qué los informes epidemiológicos que la Consejería madrileña ha remitido al Ministerio de Sanidad para poder pasar de pantalla “no contiene ninguna firma” de personal médico especializado y tan solo “incluye una serie de indicadores técnicos”, según informa la Cadena Ser. Una vez más, en Madrid ha habido más política que ciencia, más propaganda que informes sanitarios rigurosos.
No extraña por tanto que el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, ya le haya dejado caer a Ayuso que no abrirá Madrid, de momento, para no exponer a millones de personas a un contagio masivo. Incluso la ha acusado de “ganar posiciones políticas jugando con algo tan serio como es salvar vidas”. Iglesias insiste en que “no hace falta ser un gran experto para llegar a la conclusión” de que hay dos territorios (Madrid y Barcelona) donde es “razonable” que el ritmo de la “desescalada” sea más lento. Se agradece una voz que antepone la salud al dinero; consuela ver algo de cordura en medio del macarrismo sanitario, la ineptitud y la falta de cabeza que parece haberse impuesto en la Comunidad de Madrid.

Viñeta: Pedro Parrilla El Koko

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